Si estás en tu sofá, o en tu cama, o en cualquier silla del mundo pensando en querer hacerlo, ya estás empezando a hacerlo. Y es que el punto de partida no es más que la determinación de querer algo, desear, proyectar e imaginar lo que enciende tu mente. Y es que va a ser ese deseo, esas ganas, las que te levanten, nada más, porque si uno pretende levantarse solo cuando el miedo haya desaparecido, es posible que se quede sentado más tiempo del que imagina. Y es que las primeras veces que sales al ruedo, sales con mucho, mucho miedo, y uno tiene que aceptar que eso es parte del ¨ juego¨, salir con mucho miedo.

Eso es para mí el coraje, nada más, es querer y estar dispuesto a levantarte del sofá porque quieres, y levantarte, tardes lo que tardes, lo hagas como lo hagas, muy tranquilo o muy ansioso, eso no tiene nada de crucial.

No hubo nada más que me impulsara a subirme por primera vez después de 4 años a un metro, no había dejado de sentir miedo, había entendido muchas cosas de mi miedo, pero lo tenía igualmente, también muchas ganas, y es que si el miedo es poderoso yo creo que las ganas más.

¨Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es el que no siente miedo, sino el que vence ese temor¨ Nelson Mandela.

Por eso empecé a enfrentarme a lo que temía, a lo que había imaginado tantas veces, porque esta vez había decidido que mis ganas iban primero, no pretendía vencer al miedo en los primeros combates, pero tampoco iba a dejarle el puesto número uno, que ya lo había ocupado durante mucho tiempo.

Y claro que sí, sentí miedo, mucho miedo y también mucho menos del que había imaginado, y es que somos verdaderos expertos en contarnos historias de terror y creérnoslas, la realidad nunca acaba siendo tan macabra como la hemos imaginado.

Y cuando te subes una vez, las cosas empiezan a cambiar. No, no empiezas a dejar de sentir miedo porque hayas ido esa vez, pero tal vez tus cortometrajes mentales dejen de tener tanta credibilidad, porque ahora tienes algo real sobre lo que pensar, ya no es solo tu imaginación la que juega el papel principal, ahora hay una historia con un personaje real, ahora has podido, no sabrás (aún) como ni porque pero has podido, y puedes empezar a apoyarte en esa idea.

Conseguir algo costoso implica muchas ganas, capacidad de sacrificio y fuerza de voluntad. Ganas para seguir aún cuando te has sentido terriblemente mal exponiéndote a lo que temías, capacidad de sacrificio para volver a intentarlo aún sabiendo que es posible que puedas sentirte mal otra vez, y fuerza de voluntad para no dejar de decirte ¨SI¨,¨ voy¨, aunque mi mente me este mandando mil mensajes catastrofistas por minuto, ¨yo VOY¨.

Y cuando tuve claro que sí, que iba… no quise dejar de ir nunca.

Y así empecé a subirme a metros, trenes y a aviones, a estar lejos de mis lugares seguros… Cuidando a mis ganas, alimentándolas todos los días, no dejando de imaginar lo bonito que sería todo aquello que quería ver.

Y lo vi, a veces con miedo y a veces sin él, pero lo vi. Y no existe ni existió acto de libertad más grande que darme el permiso de ir, incluso con todas las sensaciones y emociones que quisieran llenar el equipaje.

 

 

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