Domingo. Día 2 PC (post-confinamiento). Un día más -o un día menos, según cómo se mire-. La nueva situación de aislamiento, a veces aburrida, otras veces algo angustiante, parece que empieza a invadirnos, poco a poco. Y entonces ocurre. Se rompe el silencio impuesto. Miro el reloj, marca las 20:00h. Estoy en casa, y empiezo a oír los primeros aplausos. Tímidos. Lejanos. Pero poco a poco van in crescendo. Salgo corriendo a mi terraza, y me uno a ellos. Se oyen vítores, y hasta algún cántico. Y ya no son tan lejanos. Al contrario, ahora los siento cerca. Más cerca que nunca. Ya no son aplausos aislados. Ahora cada vez son más, al unísono. Unidos. Hasta formar uno solo. Miles de personas con un objetivo común: el agradecimiento y reconocimiento a nuestra Sanidad Pública, a todos y cada uno de los profesionales –sanitarios o no- que arriesgan su salud por nosotros, por cuidarnos, por protegernos, por garantizar que no nos falte de nada. No sé a vosotros/as, pero a mí, personalmente, me emociona. Y mucho. Hoy, como cada tarde, espero este momento. Y no me avergüenza reconocer que soy humana y sensible, y alguna vez se ha escapado alguna que otra lágrima.

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Hace años, un estudiante le preguntó a la antropóloga Margaret Mead cuál consideraba ella que era el primer signo de civilización en una cultura. El estudiante esperaba que Mead hablara de anzuelos, ollas de barro o piedras de moler.

Pero no. Mead dijo que el primer signo de civilización en una cultura antigua era un fémur que se había roto y luego sanado. Mead explicó que en el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No puedes huir del peligro, ir al río a tomar algo o buscar comida. Eres carne de bestias que merodean. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso sane.

Un fémur roto que se ha curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con el que se cayó, ha vendado la herida, le ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. Mead dijo que ayudar a alguien más en las dificultades es el punto donde comienza la civilización“.

Ira Byock

Esta situación de aislamiento me regala, inevitablemente, tiempo para reflexionar sobre el momento histórico que estamos viviendo. Nos sentimos más solos que nunca. Aislados. Sin poder tener apenas contacto real con el otro. Pero entonces, de entre la oscuridad, aparece un pequeño rayo de luz y de esperanza. Surgen iniciativas como este #AplausoColectivo. Frente al aislamiento forzado, un momento al día nos salva. Un pequeño gesto simbólico nos une. Nos conecta con el otro. Nos demuestra que, por muy mal que estén las cosas, no estamos solos. Frente al individualismo, siento que estoy unida, que pertenezco a algo, que con mi pequeño gesto formo parte de algo común, algo grande, algo mucho más importante, que sólo por mí misma sería imposible alcanzar. Y me identifico con ello, porque para mí tiene un sentido, un significado. Es emocionante la sensación de estar todos unidos en algo y frente a algo.

En Psicología este fenómeno se denomina sentimiento de pertenencia, una necesidad básica humana, que lleva consigo una identidad grupal. Y es lo que explica en mayor medida por qué somos capaces de movilizarnos en masa (y, por qué no, emocionarnos también) a través de los aplausos en esta situación tan excepcional de deprivación, tan necesaria, de “libertad” y contacto social, por un objetivo común: estar todos unidos frente a una amenaza real, el coronavirus. Siento, como individuo, que pertenezco y formo parte de algo, de un grupo -los españoles-, y aporto todo lo que está en mi mano, mi pequeño “granito” de arena, por y para el grupo, tanto en forma de responsabilidad al quedarme en casa como en forma de agradecimiento a través de aplausos u otras iniciativas colectivas. Porque sé que eso tiene un sentido, y podré ayudar al otro. Porque sé que eso, además, me permite sobrellevar (algo mejor) la situación, al no sentirme indefensa, impotente, ante esta situación; al sentirme más unida a los demás, menos sola, y dejar de lado, aunque sea sólo por un momento, la soledad (auto)impuesta de estos días.

Hoy, como cada día, tenemos una cita. Si el coronavirus es contagioso, el aplauso lo será aún más. Todos a una. Somos Uno, en mayúsculas, ahora más que nunca.

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