Pensamos que nuestra vida va a ser más o menos estable, sin grandes imprevistos. Es humano. Ninguno de nosotros piensa que mañana mismo vaya a sufrir un golpe inesperado que lo cambie todo de la noche a la mañana (y ojalá que no) pero, ¿qué ocurre si realmente es así? ¿podemos sufrir estrés postraumático? Es poco probable, pensarás, pero es posible que, de repente, tengamos que vivir un acontecimiento fulminante que desmonte todo tu mundo, que te rompa los esquemas de lugar seguro que tenías hasta entonces, y que te haga replantearte todo en lo que creías y todo cuanto tenías. Un robo a mano armada.

Un grave accidente de tráfico. Una violación. Tener que presenciar un asesinato o una muerte trágica o violenta de un ser querido. Un ataque terrorista. En definitiva, un trauma que supone un antes y un después en tu vida.

Y, ante este hecho incomprensible para nuestro cerebro, no podemos parar de darle vueltas. El cerebro, por más que le cuesta, no ceja en su empeño de hacer innumerables esfuerzos para intentar tratar de entender, elaborar e integrar esa experiencia tan abrupta, tan intensa e inesperada. En forma de pesadillas recurrentes o flashbacks, recuerdos intrusivos que aparecen de forma automática e involuntaria en nuestra mente sobre el suceso, que se repiten sin cesar y provocan una angustia y una hiperactivación tal que sientes como si estuvieses reviviendo el suceso ahora mismo.

En forma de una conducta mantenida en el tiempo de hipervigilancia o alarma que hace que te sobresaltes fácilmente ante cualquier mínima imagen o sonido inesperado relacionado con el suceso (lógico, puesto que si pasó una vez, ¿cómo no voy a estar preparado/a para una segunda sacudida?). Una noticia en el telediario sobre una violación en manada. Un sonido abrupto de un petardo que te recuerda el golpe letal. Ese olor que te transporta automáticamente a aquellos momentos previos a que ocurriese “aquelloqueintentasdesesperadamenteolvidar”.

Y, consecuentemente, en forma de un gran patrón de evitación, puesto que nuestra creencia de que el mundo es un lugar seguro se desvanece de repente y se sustituye automáticamente por la creencia nuclear de que el mundo es peligroso y/o amenazante de por sí (unido a la sensación aterradora de indefensión y desesperanza hacia el futuro que trae consigo). Creíamos (y estábamos seguros de) que, hasta entonces, teníamos el control de nuestra vida. Pero este hecho nos desquebraja de raíz. ¿Por qué a mí?” suele ser una de las principales preguntas que las personas se hacen, una y otra vez. “No es justo”. Una pregunta que enmascara una trampa, puesto que la vida, lo queramos o no, no es justa. Y tenemos que aprender a aceptarlo, y aprender también a convivir con ello.

Estamos hablando, ni más ni menos, que del estrés postraumático (TEPT). Un problema psicológico que puede surgir, con todos estos síntomas que acabamos de describir, a partir de un mes –e incluso años después- de la experiencia, directa o indirecta (a través de observación de terceros, que viven en primera persona esa experiencia) de un suceso traumático, esto es, de un evento que implica un daño físico y que consideramos que pone en peligro nuestra supervivencia. Aunque no toda vivencia de un trauma conlleva un TEPT.

Y sí, es cierto que es aterrador. Tan horrible que no puedes ni expresarlo con palabras. Una experiencia que no se la desearías ni a tu peor enemigo. Y que ojalá no nos hubiera pasado. Por supuesto. Pero igual de cierto es que puedes salir adelante, por muy difícil que lo veas. Por muy imposible que lo creas. Puedes. Puedes sobreponerte a este hecho traumático y dejarlo, por fin, atrás (bien atrás). No evitándolo ni haciendo como si no hubiera existido, sino todo lo contrario, aceptando que ocurrió, elaborándolo de forma adecuada con un profesional y siguiendo adelante con tu vida, puesto que, aunque es un hecho que marca, no podemos dejar que sea tan determinante como para que nos condicione todo nuestro futuro. Aprendiendo a ser resilientes, e incluso llegando a conseguir alcanzar el crecimiento postraumático a partir de una nueva interpretación de lo sucedido, lo conseguiremos. Seguro que sí.

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