En esta situación que estamos viviendo de crisis sanitaria global nos están ocurriendo muchas cosas sorprendentes y cada día nos obliga a una adaptación en tiempo real, con apremio, sin demora. Pero lo más significativo y evidente es que hemos tenido que parar.

La vida parece un camino llano y recto hasta que aparece un terraplén, un obstáculo, un accidente,…, lo inesperado. Es el momento de parar, pensar y trazar una nueva dirección hacia dónde dirigirme. Así son las crisis: un riesgo y una oportunidad.

Son tiempos cambiantes y difíciles que han removido los cimientos de nuestro edificio y han activado nuestro sistema de supervivencia. Y es en estos momentos cuando la ansiedad muestra su utilidad y entendemos para qué existe en nosotros esta emoción. Ahora comprobamos cómo nos ayuda a adaptarnos con velocidad ante lo imprevisto y calamitoso. Creíamos que era un enemigo que vivía dentro de nosotros y que sólo se ocupaba de boicotearnos; ahora vemos cómo nos ayuda tanto a alcanzar una visión más amplia sobre lo que está sucediendo como a focalizar en posibles soluciones. Porque estos días hemos vivido a ratos asustados, pero también hemos tenido ratos de una lucidez mayor, de una mayor perspectiva sobre mí y sobre mi vida; es la ansiedad, ayudándome a adaptarme.

Y, como en toda crisis, tenemos la oportunidad de empezar de cero.

Empezar de cero, no es despreciar el pasado, es apostar por crecer hacia el futuro, entendiendo el crecimiento como el triunfo de lo esencial.

Empezar de cero es tomar conciencia de lo importante y potenciarlo a partir de aquí, a partir de hoy. Y, ¿qué es lo importante? Lo importante es aquello que no es superfluo, es lo que está enmascarado detrás de lo superfluo, es lo esencial.

Lo esencial es la suma de lo que soy y de lo que puedo legar a ser. Entendiendo que en ese camino me voy acercando cada vez más a lo que soy de verdad porque me voy liberando de lo innecesario.

Decía Aristóteles que el cambio es el paso de ser en potencia a ser en acto, entendiendo por potencia el conjunto de capacidades o posibilidades del ser para llegar a ser algo distinto de lo que actualmente es.

Es quizá el momento de potenciar nuestra esencia, de liberarnos de lo superfluo y accesorio, de cambiar de coordenadas, de crecer. Ahora que hemos tenido que parar, quizá podamos tomar la decisión de no perder más tiempo no siendo quién verdaderamente soy, no mostrando mis auténticas cualidades. Quizá es el momento de que decida mi esencia en lugar de mi miedo.

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