¿Cómo nos ayuda la rutina en nuestro día a día? Ya bien entrados en el otoño pocos son los que no están adentrados en la tan famosa rutina. Se acabó el verano, se acabaron los planes inesperados, los días atípicos, las vacaciones, las siestas, las pelis nocturnas trasnochando, las comidas calóricas a deshora… Como solemos decir: “Se nos acabó lo bueno“. Y ahora nos queda aprovecharlo a ratitos, los anhelados fines de semana serán refugio de esa tan famosa y, por cierto, con tan mala fama rutina.

¿Y cómo nos sienta esto a las personas? Pues a veces no del todo bien, nos pone tristes, melancólicos, perezosos e incluso irascibles. La rutina no es un término que solamos manejar con demasiado cariño.

Solo hace falta buscar en Google la palabra rutina para darse cuenta de lo mal que nos llevamos con ella. Internet está plagado de artículos para darnos la solución definitiva para romper con la rutina. La rutina es una palabra de la que creemos necesitar huir.

Mi relación falló por la rutina.” “Necesito vacaciones no puedo más con la rutina” o un mensaje de WhatsApp a tu mejor amiga “¡Qué horror, ya en el trabajo, vuelta a la rutina!“. La rutina nos provoca recelo, está teñida de monotonía, de ausencia de sorpresa, excitación, cambios… Es, en definitiva, conservadora.

¿Cuántas veces se nos ha llenado la boca diciendo que deseariamos vivir en unas vacaciones constantes? Que lo dejaríamos todo para vivir una vida de vértigo, una vida sin horarios, donde no sentirnos presos de nada. Y es que nuestras añoradas vacaciones suelen responder a la vida que idealizamos tener, olvidándonos quizá, que es en su carácter temporal donde está su verdadero gran atractivo.

Pero… ¿Nos satisfaría realmente una vida con ausencia de rutina? ¿Estamos preparados para vivir una vida sin orden? ¿Somos tal vez demasiados críticos con esta palabra, desvalorizando todo lo que nos proporciona?

¿Qué es la rutina?

La RAE define la rutina como la costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática.

¿Por qué nuestro día a día resulta rutinario?

Entendamos que tras realizar las mismas conductas tantas veces hemos acabado automatizándolas, es decir, no tenemos que emplear una gran creatividad para el transcurso de nuestra semana. Nos levantamos a la misma hora, cogemos el autobús, trabajamos, comemos, volvemos a casa… Mismas acciones, bajo mismos horarios, la improvisación no es constante, los días, con sus pequeñas diferencias se tornan similares. Digamos que entre el lunes y el viernes se encuentran 5 días que podríamos describir a la perfección, nos los conocemos de memoria.

Si eres padre o madre, o probablemente si no lo eres también, sabrás la importancia de que los niños mantengan una rutina que les ayude a sentirse seguros y tranquilos en su ambiente. Bien es sabido también que las personas de la tercera edad necesitan una rutina para mantenerse estables tanto física como psicológicamente. Pero… ¿Qué hay de nosotros los adultos? ¿Somos en el fondo mucho más dependientes de la rutina de lo que llegamos imaginar? ¿Es ésta palabra tan despreciada, en numerosas ocasiones, la responsable de nuestro equilibrio?

Beneficios de la rutina

La definición de rutina puede no resultar demasiado atractiva en nuestros días, nuestro mundo actual nos invita a la experimentación de sensaciones, emociones y vivencias nuevas de manera continuada. ¡Queremos notar que estamos vivos! Dame experiencias fuertes y me harás sentir vivo. No negaré que indudablemente la experimentación de lo no cotidiano, lo nuevo y lo sorprendente es un aliciente motivador. Pero… ¿Acaso esto no resulta tan excitante gracias a nuestra rutina?

Necesitamos nuestros hábitos y rutinas y no solo para poder apreciar aquellos momentos que se salen del molde. Nuestra seguridad diaria tiene mucho que ver con éstos dos términos, nos ayudan y protegen.

La realidad resulta ordenada bajo la rutina y en el fondo, esto es mucho más tranquilizador para nosotros de lo que podemos llegar a imaginar. La rutina nos proporciona seguridad al poder intuir o prever las consecuencias de nuestras acciones. Nuestra percepción de control sobre nuestra cotidianidad nos reporta seguridad, sabemos lo que hay que hacer para que las cosas marchen bien, y aunque en nuestra fantasía sea mucho más entretenido un mundo donde la improvisación y la aventura sean constantes, no olvidemos que eso,a largo plazo, supone un gasto de energía altísimo y por ende un gran desgaste emocional.

El orden diario nos proporciona estabilidad.

Estabilidad necesaria para nuestro bienestar psicológico y físico. ¿Has oído a personas que después de unas largas vacaciones tienen ganas de volver a su rutina? ¿Te has sorprendido a ti mismo con éste deseo? ¡Pues no es tan extraño!

La rutina nos proporciona comodidad.

Nuestras reglas diarias están tan asimiladas por nosotros mismos que implican un bajo coste, acabamos funcionando de manera automática, es decir, no necesitamos evaluar constantemente las consecuencias de lo que hacemos, simplemente, porque nuestra experiencia ya nos anticipa los resultados.

Hábitos que nos ayudan al equilibrio de nuestro organismo

La rutina, también, suele ir de la mano de una serie de hábitos que lejos de ser contraproducentes nos ayudan al equilibrio de nuestro organismo. Ahora recuerda… ¿Cómo son nuestros hábitos alimenticios cuando la rutina se rompe? ¿Y qué hay de nuestro sueño en nuestros periodos vacacionales? No todo nos ventajas, y es que, cualquier especialista de la salud nos recomendará mantener una serie de hábitos y rutinas para poder funcionar correctamente.

El bienestar es entendido como el estado de la persona cuyas condiciones físicas y mentales le proporcionan un sentimiento de satisfacción y tranquilidad.

Seguir unos hábitos correctos nos produce bienestar y no solo por los indudables beneficios que conlleva tener unos hábitos regulares de sueño y alimentación entre otros. El autocuidado nos produce calma, nos concebimos como individuos capaces de cuidar correctamente de nosotros mismos, propiciando autoconfianza, seguridad personal y autoestima.

La desorganización puede resultar atractiva cuando su carácter es temporal, pero a largo plazo genera sensación de caos, descontrol e inseguridad.

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