Durante mucho tiempo pensé que jamás podría volar y mucho menos, ocho horas y a un destino tan lejano como NY. No hace ni doce meses que volé por primera vez, fue el 26 de diciembre del pasado año. En aquel viaje estuve a punto de no montar en el avión, en varias ocasiones mis piernas me pedían que saliera, pero tenía que hacerlo, eran muchos años bajo su tiranía y tenía que enfrentarme a ella. Elegí un viaje corto de apenas una hora, me senté, me abroché el cinturón y me dije: “¡de aquí no me muevo!”. Cuál fue mi sorpresa, cuando vi que no pasaba nada, que no tenía ninguna sensación de estar volando, ni de estar a x metros de altura. Era una sensación nueva, pero mucho más llevadera de lo que esperaba. Os aseguro que mereció la pena y me sentí la persona mas feliz del mundo. Uno de los primeros obstáculos estaba superado, me sentía capaz de todo, pero vi que tenía que estar alerta. En el viaje de vuelta no iba tan tranquilo como esperaba, pero solo hubo que volver a trabajar, y hoy, a 25 de diciembre, estoy embarcado en esta aventura.

No me he presentado. Me llamo Carlos y tengo 38 años. Desde los 22 empecé a sufrir crisis de ansiedad que derivaron en agorafobia, como he sabido ahora. Llegó un momento en el que tenía asimilado que nunca podría hacer ciertas cosas como montar en metro, la idea de viajar en avión era impensable. En definitiva, nunca pensé que podría hacer todo aquello que la agorafobia me hacía evitar, creo que cada uno tiene su lista.

Ahora mismo, estoy a mucha altura sobrevolando el océano. Me imagino a Olga, a Viky y a todos mis compañeros dándome ánimos, y con su sonrisa de complicidad, mis agradecimientos a todos ellos. Me gustaría escribir mi aventura, que le sirviera a alguien y así demostrar que se pueden conseguir grandes cosas, que no hay que quedarse estático. Nunca hay que darse por vencido, de esto se sale y tú eres tu principal ayuda. Tenemos un formidable equipo de personas para marcarnos el camino, pero tu parte es indispensable. Hay que trabajar.

Tengo que reconocer que no estoy tan tranquilo como desearía. Intentaré no centrarme en ello. Siento expectación. No sé como reaccionaré al estar tan lejos de mi casa, en otro país y en una gran ciudad. Eso me produce mas ansiedad que el vuelo. Centrémonos en el presente.

Al bajar del avión estaba expectante, preguntándome qué pasaría, qué sentiría…. y la verdad, es que me sentí casi defraudado. No apareció. Apareció otra sensación, una que me hacía mirar a todos los lados, anonadado, viendo las cosas que veía, los coches de las películas, los enormes policías… Estaba asombrado, era una sensación que recomendaría a todo el mundo.

Ya llevo aquí dos días y la experiencia es maravillosa. ¡¡Estoy a 160 kms de NY, en una montaña de Pensilvania!! Durante mucho tiempo pensé que sería incapaz de traspasar la frontera de España y cuando veía estos sitios en televisión, directamente pensaba que nunca los conocería, o que cuando estuviera aquí, me daría una crisis de pánico, solo de pensar que estaba tan lejos de mi casa. No ha sido así, he tenido ciertos momentos en los que quería venir alguna crisis, y eso me pasa aquí pero también en mi ciudad.

Ya llevo varios días en NY y todo bien. Hoy toca el Empire State, pero creo que esperaré abajo. Al final los miedos son los mismos aquí, que en todos los sitios y el miedo a las alturas, lo iré trabajando de manera mas progresiva. El motivo de escribir esto, no es animar a que viajes, es animar a que trabajes aquello que el miedo te hace evitar. Hay que remangarse y ponerse a trabajar, ya que los resultados no vienen solos y cuando lo consigas, te sentirás invencible.

El viaje está acabando, poniéndome a prueba. Debía estar en Madrid desde hace dos días, pero ha caído una gran nevada en NY, qué obligó al cierre del aeropuerto. El primer día, dormí en un hotel y la sensación de estar encerrado donde no quería, me hacía tener sensación de rabia y frustración, pero no ansiedad. Creo que estoy aprendiendo a diferenciar sensaciones. El segundo día, fue bastante peor, ya que estuve en el aeropuerto desde las 16:00 de la tarde esperando un vuelo que salía a las 20:00 a Roma, donde haría una escala a Madrid. El vuelo se fue atrasando hasta la 1:00 y finalmente se canceló, por lo que tuve que pasar la noche en el aeropuerto hasta las 15:30 del siguiente día. Allí tuve momentos de angustia como es lógico, pues la falta de sueño hacia mella en mí y la ansiedad hacia sus apariciones, pero mi mente entendía que era lógico y no le daba importancia. Antes de subir al avión que me llevaba a Roma tuve una pequeña crisis que solucioné con un diazepam, al fin y al cabo era mi segundo vuelo transoceánico y ni tan siquiera iba a mi ciudad de destino, además de ir con retraso para coger el vuelo a Madrid y tener que volver a hacer las gestiones en Roma para un nuevo vuelo. Ahora mismo estoy en ese vuelo a Roma y he podido dormir unas cuatro horas. El resto del vuelo voy bastante tranquilo, a ver si acaba pronto esta aventura.

Y por fin en casa,los últimos días han sido caóticos, necesitaba una ducha, y al salir y sentarme en mi cómodo sofá, valoro cómo fue el viaje, momentos buenos y momentos malos. Ahora en la distancia no quitaría ninguno porque todos han provocado anécdotas, han formado parte de mi aventura y lo mas importante, todos me han hecho sentir vivo.

He comprado muchas cosas y lo mas valioso que traigo es una mochila llena de valor y orgullo, ese es mi souvenir.

Esta sera una historia sin gran importancia para muchos como es lógico, sin embargo a los que les parezca una proeza, deciros que no lo es, que todos podemos hacerlo. Yo pensé que no sería capaz y ahora veo que lo que me esperaba eran experiencias y sentimientos de esos tan difíciles de adjetivizar que surgen en un viaje y solo los entiendes cuando lo haces.

Gracias por vuestro tiempo y espero que a alguien le de ese pequeño empujón que le falta para hacer su viaje, o su trayecto en metro, o coger su coche, o salir a pasear, o….

Animo a todo el mundo a que viva, que miren al miedo y vean oportunidades, oportunidades de superarse, ya que esta ahí saquemosle partido, aprendamos de él.

Quiero volver a agradecer a AMADAG, a los grandes profesionales que lo componen y mis compañeros de terapia todo el apoyo y la sabiduría que he recibido, sin vosotros no hubiera sido posible.

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