¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que hace posible que se nos encoja el corazón al ver un acróbata tropezar y perder el equilibrio, y, aunque estemos sentados cómodamente en un asiento, nuestra musculatura se tense y nuestro pulso se acelere casi tanto como a él? A mediados de la década de los noventa, la neurociencia realizó un gran descubrimiento a partir del cual se cree que podríamos explicar esa reacción que mostramos como si fuésemos nosotros mismos los que colgamos del abismo. Hoy los neurocientíficos afirman que esta capacidad para sentirse en la piel del otro es posible gracias a la existencia de las neuronas espejo.

La extraordinaria capacidad de entendernos

La mente humana es el resultado de un largo y complejo proceso evolutivo. Hemos desarrollado capacidades como la de identificarnos con otros individuos de nuestra misma especie, comprender a los demás como individuos que tienen sus propios estados mentales, metas, intenciones o emociones, al igual que somos capaces de reconocer nuestros propios estados mentales, lo que nos permite planificar y valorar las posibles consecuencias de nuestras acciones. Todo ello ha propiciado que desarrollemos un nivel de comunicación entre nosotros tremendamente avanzado, dando lugar a una forma singular de evolución cultural: moral, ética, tradiciones, símbolos… ¿Cómo ha sido todo esto posible?

Durante siglos los filósofos han tratado de desentrañar por qué nos entendemos los seres humanos entre nosotros, ¿cuál es el sofisticado mecanismo por el que podemos llegar a saber qué hacen, piensan o sienten los demás? ¿Existe una empatía emocional? Ahora gracias a la neurociencia sabemos que el cerebro humano contiene cerca de cien mil millones de neuronas, cada una de las cuales puede hacer contacto con miles, incluso decenas de miles, de otras neuronas; y estamos más cerca de comprender el mecanismo fisiológico que dé algo de luz a esos complejos interrogantes: está en el cerebro, y su base son las llamadas neuronas espejo.

Cuando el azar brinda oportunidades

Giacomo Rizzolatti, galardonado en el 2011 con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, era la persona encargada de dirigir al equipo de neurofisiólogos que, en la universidad de Parma, llevaron a cabo fortuitamente el descubrimiento de las neuronas espejo. Investigaban con monos macacos una parte del cerebro llamada corteza premotora, la F5 concretamente, encargada de planificar, seleccionar y ejecutar movimientos. Movimientos básicos en nuestro día a día como los de agarrar, sostener, rasgar y, sobre todo, acercar objetos –alimentos– a la boca, son los que se producen gracias a esta área que estudiaban en aquel momento con el objetivo futuro de poder ayudar a personas con daño cerebral a recuperar, al menos, cierto grado de función de esa extremidad.

El comienzo de la casualidad que originó todo lo restante se dio cuando, durante una pausa del experimento y con el mono sentado en una silla, tranquilo, esperando a que se le asignara la próxima tarea, uno de los experimentadores agarró un objeto en su presencia y escuchó una descarga de actividad en la computadora que estaba conectada a los electrodos que se habían implantado por vía quirúrgica en el cerebro del mono. Al macaco, sin él pretender agarrar nada, simplemente con observar la acción del experimentador, se le activó la neurona vinculada con el acto prensil que estaban estudiando.

Creyeron que era un error fortuito al principio, pero tras varios registros similares se abría la incógnita: ¿éstas neuronas reaccionaban tanto cuando el mono realizaba una acción determinada como cuando observaba a otro individuo que realizaba la misma acción? Veinte años después de aquel primer registro del laboratorio, y tras una gran cantidad de experimentos posteriores con monos y luego con humanos (menos lesivos), se confirmó el notorio fenómeno.

Las neuronas espejo

Mediante estas neuronas espejo el animal tenía comprensión motora de las acciones de otro, a pesar de estar inmovilizado. Por tanto, cuando hablamos de neuronas espejo nos referimos a un grupo de neuronas que se activan tanto al ejecutar como al observar una acción.

Para aumentar nuestra comprensión, debemos mencionar ciertas peculiaridades que se han ido identificando de la activación de las neuronas espejo en primates:

• No se trata de un área concreta, sino que las neuronas espejo componen un complejo sistema que se extiende no sólo por la corteza premotora, también a otras áreas cerebrales como el lóbulo parietal inferior.
No codifican movimientos individuales de los músculos, sino actos motores orientados a un fin específico: Se activan si el mono está agarrando el objeto con una u otra mano, o incluso cuando lo agarra con la boca; pero en la situación en que el mono se encuentra simplemente observando, no se activan con la sola presencia del objeto, sino que es necesaria la acción de otro macaco o del experimentador para que lo hagan.
• Constituyen un vínculo neural entre observación/percepción e imitación/acción que hasta entonces se había descrito como procesos independientes. Si vemos una manzana en un árbol (o vemos a otro mirando la manzana del árbol) y deseamos comerla, invocaremos al mismo tiempo los planes motores que tenemos que realizar para cogerla.
• No sólo se activan mediante la ejecución y observación de la acción, sino que también pueden activarse por el sonido producido por la acción. Recientemente se ha mostrado que observar y escuchar acciones alimenticias sonoras facilita la conducta de comer en los monos macacos.

En el caso de los seres humanos, el aprendizaje por imitación que depende de la observación de las acciones hechas por otros individuos y de la activación de las neuronas espejo, es una facultad básica para la cultura, pero la investigación obviamente ha sido (y sigue siendo) más compleja.

Se ha encontrado que el ser humano tiene un sistema de neuronas espejo más desarrollado y extenso que el de los macacos. En nuestro caso, no estamos hablando de que las neuronas espejo impliquen una comprensión reflexiva, conceptual o lingüística, sino de una comprensión que se basa en una especie de vocabulario de actos, es decir, que cuando vemos a alguien realizando cierta acción, ella adquiere para nosotros un significado inmediato.

En el humano, las regiones cerebrales con implicación de neuronas espejo corresponderían a las encontradas en el mono, pero son más amplias que en éste. Incluyendo a la parte que involucra el control motor del lenguaje.

La principal diferencia que se ha encontrado con respecto al mono es que nuestra corteza motora se activa tanto por la observación de acciones con objeto como sin un objeto presente. Es como si el cerebro del mono valorase la acción tan sólo cuando “entiende” su finalidad, su objetivo, o su utilidad. Sin embargo, el sistema de neuronas espejo humano tiene la capacidad de replicar internamente acciones realizadas por otro aun cuando éste aparenta agarrar un objeto sin que realmente exista.

Otra particularidad de nuestro sistema de las neuronas espejo es que se cree que es capaz de codificar y discriminar incluso la intención con la que se lleva a cabo un determinado acto: frente al mismo movimiento, pero realizado con diferentes fines, se activan grupos de neuronas espejo diferentes.

¿Responsables de la empatía?

Cuando tenemos la libertad de hacer lo que queremos, por lo general nos imitamos” decía Eric Hoffer. ¿Hasta dónde ha influido esta red de neuronas que permiten percibir los movimientos intencionales y su imitación? El gran reto que se plantea ahora es poder llegar a descubrir hasta dónde alcanza la implicación de las neuronas espejo en nuestra vida.

Se les atribuye una función en los procesos de aprendizaje simple a través de la observación y la imitación, pero también participan en procesos evolutivos y de adaptación al entorno social, ya que permiten no solamente comprender las acciones sino también las intenciones de otros individuos:

Utilización de conceptos: Se ha sugerido que este mecanismo de codificación sensoriomotora, que se desarrolló inicialmente en primates no humanos para realizar movimientos precisos, ha evolucionado en los homínidos hasta posibilitar procesos de abstracción mental que son exclusivos de los seres humanos tales como la aritmética y la metéfora.
Empatía o la capacidad de comprender las emociones y sentimientos de otros individuos: Dos estudios realizados para analizar la función de las neuronas espejo frente a determinados sensaciones o emociones ajenas, concretamente las sensaciones de asco y dolor ajeno, concluyeron que, al igual que en el caso de las acciones, las personas que formaron parte de sendos estudios realizaron una comprensión inmediata. Es decir que gracias a las neuronas espejo nuestra comprensión de lo que siente el otro no es de tipo reflexivo o inferencial, sino que es tal como si lo estuviéramos viviendo en primera persona.
• Aunque se desconoce cómo llegamos a desarrollar nuestra capacidad lingüística, también se baraja la idea de que hayan colaborado en la adquisición del lenguaje: las neuronas espejo presentan especial activación ante la visualización de movimientos de las extremidades y la cara del otro, concretamente la boca, por ello, quizá en alguna etapa de la evolución, comenzamos a imitar gestualmente los gruñidos que hacían nuestros congéneres, debiendo interiorizar el significado y la representación gestual de lo que se expresaba.

A la comunidad científica le queda mucho por experimentar y descubrir al respecto. A día de hoy, existen seguidores y detractores de las diferentes hipótesis que se formulan y que intentan dar luz al nivel de implicación de las neuronas espejo en procesos de aprendizajes complejos, nuestro comportamiento social, comprensión emocional de los otros… Esto sólo acaba de empezar.

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