Hay personas que son muy exigentes con todos, les cuesta ser benevolentes, especialmente consigo mismas, justificarse o perdonarse. Aunque actualmente, debido a la clasificación DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) se equiparan estos rasgos con los del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), en psicopatología clásica solía llamarse anancástica a este tipo de personalidad. Esta denominación proviene de la mitología griega: Ananké era una deidad que personificaba lo inevitable, lo ineludible y necesario (en griego antiguo la palabra también tenía el significado de “fatalidad”), cuya influencia abarcaba todo el universo. Su compañero era Chronos, el dios del tiempo; sus hijas, las Moiras (Cloto, Láquesis y Átropos), hilanderas del destino de los hombres y de los dioses. En griego, anankasma significa compulsión: un comportamiento estereotípico, que si es interrumpido u obstaculizado deriva en ansiedad.

Este tipo de personalidad, como ya hemos dicho, está emparentada con el espectro psicopatológico obsesivo. La principal diferencia con el TOC es que el anancástico no ve un problema en su comportamiento, sumamente perfeccionista. Además, los pensamientos obsesivos del TOC pueden llegar a ser más irreales (por ejemplo, un TOC tipo hipocondríaco tendría un miedo desmesurado a una enfermedad que no padece).

Cabe recalcar antes de hablar de este trastorno que en grados bajos todos tenemos rasgos de distintas personalidades. En este sentido, el tipo de personalidad cautelosa representa a personas que son muy responsables, ordenadas y se adaptan a las reglas. Todos podemos, en algún momento de la vida y según las circunstancias, presentar algunas de estas características; que pueden agudizarse en épocas de mayor estrés sin tener que ser necesariamente anancástico.

Hablamos de trastorno de personalidad cuando, al comienzo de la edad adulta, aparecen patrones de pensamiento y comportamiento que afectan a la persona y a quienes le rodean, cuando se vuelve una conducta rígida que no puede adaptarse a la realidad, provocando dificultades sociofamiliares e incluso fisiológicas. Se calcula que el síndrome perfeccionista alcanza un valor de entre el 7 y 12% de la población. Cada persona vive el trastorno de una determinada manera y presenta a su vez, un grado más o menos intenso del mismo, de ahí que los resultados puedan variar entre llevar una vida satisfactoria o por el contrario, necesitar para ello ayuda farmacológica y psicológica.

personalidad anacástica
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La personalidad anancástica se caracteriza por los siguientes rasgos:

1. Perfeccionismo y minuciosidad: Presenta una búsqueda de la perfección especialmente en el ámbito laboral, donde hay un miedo intenso a no adecuarse a los objetivos, a las normas o a instrucciones de los superiores, pero también en lo más cotidiano: la ropa, la comida y el modo de presentarla, el orden en la casa, la apariencia física… Puede estar horas y horas haciendo algo para conseguir el mejor resultado posible. También es exigente con las personas de su alrededor.

2. Hiperresponsabilidad: Puede quedarse en el puesto de trabajo hasta horas intempestivas incluso cuando no está en condiciones óptimas de salud. Se compromete excesivamente con las tareas que se le encomiendan.

3. Tendencia al control y a la previsión: No tolera la incertidumbre y se acoge a normas rígidas con el fin de mantener el orden en el que vive. El hipercontrol llega a trasladarse a las personas con las que tiene un alto nivel de confianza. Se encuentra continuamente sometida a horarios, planificaciones y normas, experimentando ansiedad cuando sale de la rutina.

4. Sentido exacerbado de la justicia: Suele tener muy clara la distinción entre lo que está bien y lo que está mal según su perspectiva. A pesar de su alto nivel de perfeccionismo, intenta lograr sus objetivos por méritos propios, sin causar daño a otras personas.

5. Dificultad para mantener relaciones interpersonales: Especialmente en el ámbito de pareja, a la que exige tanto que ésta nunca llegan a estar a la altura de sus deseos. Sin embargo no suele ser quien termina las relaciones, ya que no concibe muy bien el fracaso o el error en su vida personal ni profesional. Siente una verdadera dificultad para expresar sus emociones.

6. Sentimiento de incomprensión: Suele sentirse muy incomprendida por el mundo en general, lo que deriva en una sensación de soledad y falta de apoyo.

7. Inconformismo: Una vez más, su alto nivel de exigencia provoca el deseo de alcanzar una perfección imposible que sobrepasa todo límite, por lo que las actividades que realiza nunca estarán completamente finalizadas.

8. Tendencia a la negatividad: No cree ser lo suficientemente buena para que algo positivo le ocurra y anticipa los acontecimientos de un modo bastante fatalista.

9. Extremismo o tendencia a la polarización: O es blanco o es negro, o las cosas se hacen perfectas o no se hacen. No le agradan los matices o términos medios, ya que la relativización no forma parte de sus estrategias de afrontamiento.

10. Intolerancia a la frustración y al fracaso: Si algo no sale como espera lo toma como un fracaso y no como algo constructivo y de lo que puede aprender. Se siente incapaz de encajar en un mundo tan complejo e imperfecto con detalles que escapan a su control.

11. Sensibilidad excesiva a las críticas: Otorga mucho valor a lo que los demás piensen u opinen porque, aunque no lo parezca, tiene un alto grado de inseguridad y una baja autoestima que desencadena estos comportamientos de perfección y competitividad.

12. Dificultades para delegar la responsabilidad: Reacia a delegar tareas o a trabajar con otros, a menos que se sometan exactamente a su forma de hacer las cosas, le cuesta mucho colaborar y trabajar en equipo.

13. Incapacidad para disfrutar de la vida: Todo este alto nivel de exigencia, competitividad y frustración ante los errores conlleva que la persona viva estresada y a la defensiva, anticipando catástrofes potenciales. Rara vez experimenta estados placenteros o se permite relajarse.

Este tipo de personalidad puede relacionarse con adicciones, otros trastornos de personalidad como el evitativo y el esquizotípico y trastornos alimentarios como la anorexia.

Se han descrito diferentes causas para explicar su aparición:

Desde el enfoque evolutivo, este tipo de trastorno se encuentra relacionado con la etapa anómica del niño (entre los dos y los seis años), cuando debe aprender a controlar los esfínteres y regularse poco a poco para aprender a acoplarse a la sociedad humana. El niño de esta edad busca dar rienda suelta a la exploración del mundo, momento en el que un exceso de límites genera un rechazo de los propios deseos, que se viven como negativos o dañinos.

La perspectiva freudiana relaciona esta personalidad con una fuerte inserción del superyó o las leyes sociales, que generan una represión del ello o impulsos del individuo. Es decir, existiría una excesiva exigencia de perfección por parte de los padres desde una infancia muy temprana.

Biológicamente se explica por la conjunción de factores genéticos y factores externos. El indicador biológico del rasgo ansioso de la personalidad seria la hiperactividad del receptor serotoninergico postsináptico, existente en los trastornos de la personalidad como son el de evitación, dependencia y el obsesivo-compulsivo.

En cuanto al tratamiento, la personalidad anancástica puede reconducirse y aprender a ser un poco más flexible y permisiva consigo misma y con los demás. Pueden usarse psicofármacos para reducir la agresividad, la irritabilidad y la impulsividad. Se ha observado eficacia con intervenciones como la terapia de grupo, la inserción a actividades sociales, el apoyo afectivo que otorga confianza y estabilidad y la terapia cognitiva para cambiar patrones erróneos de pensamiento que resultan perjudiciales, tratando conceptos como:

  • La aceptación del error como inherente al ser humano.
  • Aprender a pedir perdón y autoperdonarse.
  • Dar importancia al esfuerzo y a la constancia antes que al logro de determinados objetivos.
  • Conocer las propias limitaciones y capacidades.
  • Practicar la comprensión y tolerancia con uno mismo y con los demás.
  • Vivir el momento presente.
  • Disfrutar de las actividades que se realizan.
  • Ver elementos como el orden, la limpieza y la puntualidad como medios y no fines en sí mismos.

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