“Cada día me resulta más incómodo conducir porque creo que podría provocar un accidente…”.

Marta tiene 40 años y se sacó el permiso de conducir tras casarse. Cuando aprobó el examen no se lo creía, pensaba que no estaba preparada aún. Las primeras veces que cogió el coche se sentía muy insegura. Al nacer su primera hija empezó a tener miedo de sufrir un accidente y evitaba conducir. Ahora teme equivocarse con los mandos, girar inadecuadamente, hacer daño a alguien… Es exigente consigo misma y cree que los demás deben pensar que es muy torpe. Cuando piensa en conducir siente tensión muscular y una gran opresión en el pecho.

“Sólo de pensar que tengo que conducir me pongo nervioso…”.

Antonio tiene 54 años. Cuando conduce nunca se siente tranquilo del todo. Le empezó a pasar hace años, coincidiendo con un momento en el que tenía mucha ansiedad y estrés por problemas personales y laborales. Si está más estresado o nervioso en general, el miedo es mayor: nota la visión borrosa, pérdida de fuerza, calor, sudoración, taquicardia, miedo de perder el control, rigidez… Por motivos de trabajo se ve obligado a desplazarse en coche; y alguna vez llega tarde, a pesar de salir con mucho tiempo, pero no explica la verdadera razón.

“Desde el accidente que tuve, me siento incapaz de coger el coche…”.

A Paloma hace años que le da miedo conducir; pero desde hace tres, que tuvo un pequeño accidente sin consecuencias, es cada vez peor. Evita coger el coche si tiene que salir de poblaciones. Ir a más de 60 o 70 kilómetros por hora o adelantar a un camión (aunque tenga las condiciones para hacerlo) le produce mucha angustia, malestar e inseguridad. Piensa que cualquier vehículo que circula cerca puede acabar colisionando con el suyo.

“¿Por qué los demás pueden y yo me bloqueo al estar al volante?”.

Fernando tiene claustrofobia desde que vivió una mala experiencia en un ascensor cuando era pequeño. Siempre se había sentido seguro conduciendo, pero desde hace unos meses ha comenzado a experimentar la misma sensación de asfixia y mareo en atascos y túneles. Ahora empieza a temer coger el coche, y piensa que tiene que hacer algo para solucionarlo, porque no quiere dejar de disfrutar de la conducción.

Sentir miedo al conducir en algunas situaciones es algo bastante común. Según el estudio del Instituto MAPFRE de Seguridad Vial (2005), más del treinta por ciento de los conductores españoles han referido sentir temor al volante en circunstancias específicas (condiciones climatológicas, fluidez del tráfico, tipo de vía, etc.), especialmente mujeres y conductores con una edad comprendida entre treinta y cuarenta años y con una antigüedad del permiso de conducir de entre cinco y diez años.

En griego, Amaxos significa carruaje, y Phóbos temor. La amaxofobia puede presentarse en diferentes grados: desde un temor relativo o relacionado con circunstancias de tráfico concretas, hasta un miedo paralizante que incapacita para conducir un vehículo.

Este miedo puede comenzar tras haber sufrido o presenciado las consecuencias de un accidente de tráfico. También puede ser efecto de una situación personal de estrés que se manifiesta al volante tras haber conducido con normalidad durante mucho tiempo, o de la sensación de no haber adquirido suficiente formación en la conducción. Algunas personas con claustrofobia sufren los síntomas en túneles o atascos.

SÍNTOMAS

La amaxofobia se manifiesta en diferentes condiciones para cada persona, siendo las más comunes:

  • Incorporarse y circular en vías rápidas, en las que aumenta la percepción de peligro de manera significativa.
  • Provocar la detención de otros vehículos para aparcar, o enlentecer la circulación al calarse el coche, sintiendo que se estorba al resto de conductores.
  • Rebasar obstáculos o ser adelantado en calles y carreteras estrechas; en las que la falta de espacio produce la idea de que no hay salida ante la supuesta pérdida de control.
  • Atravesar túneles (sensación de agobio ante la idea de no encontrar la salida) o puentes (temor ante la posibilidad de caer al vacío en una hipotética pérdida de control).
  • Circular a velocidad de carretera; en paralelo a un autobús; cerca de motos o bicicletas; con tráfico denso; con lluvia, niebla, de noche…

En estos casos al volante se siente angustia ante una situación que se interpreta como insuperable y peligrosa; junto con manifestaciones físicas como sudoración, taquicardia, hiperventilación, temblores, vértigo, cefaleas, dolor estomacal, sensación de desmayo…

Suele ser frecuente que ante la evitación de estas situaciones se pase a depender de personas cercanas para desplazarse, lo que en un principio puede parecer la solución al problema… Sin embargo, esta dependencia acaba por convertirse en un hábito que refuerza de manera circular el temor y la evitación a la conducción.

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