Esta frase es una forma de afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor, una de las frases estrella entre nuestros pacientes.

¿Recordáis la historia de Lot? Según el relato bíblico, cuando Jhavé mando la lluvia de azufre sobre Sodoma y Gomorra, para destrucción de sus habitantes pecadores e inmorales, dio a Lot y a su familia, por ser éstos justos y buenos, la oportunidad de huir y ponerse a resguardo de la furia divina. Existía una sola condición que tenían que observar para alcanzar la salvación: nunca debían mirar hacia atrás, o serían inmediatamente convertidos en estatuas de sal. La esposa de Lot desobedeció el mandato de Jhavé, giró su rostro hacia atrás durante la huída para llevarse en las retinas la última imagen de la ciudad destruida… y quedó inmovilizada de inmediato, convertida en el monumento a la desobediencia, tallado en sal pura.

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Al sublimar el pasado estamos viéndolo como una época bella y perdida que no volverá jamás. Total que ahora, solamente nos queda vivir como viejas glorias al estilo Gloria Swanson en el “Crepúsculo de los dioses”. Uno establece una competición contra un pasado glorioso, contra un coloso sin agorafobia que corre en la calle de al lado.

¿Cómo luchar contra un pasado idealizado? Tarde o temprano, en nuestro proceso, hay que despedirse de los gloriosos pasados o de aquello que pudo ser, porque ahora simplemente no están. Y en la despedida esta el dolor de la perdida. Uno debe dejar atrás lo que debió haber sido para aprender a ser lo que se es.

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