¿Porque ser obsesivo puede esconder un tremendo potencial?

Reflexionar sobre nuestras preocupaciones intentando encontrar soluciones forma parte del raciocinio humano, pero ese proceso natural no siempre sale como esperamos, y en ocasiones más que una fuente de claridad supone una repetición en bucle de pensamientos en los que hallamos más problemática que solución. Cuanto más caso hacemos a los pensamientos intrusos más los potenciamos, pudiendo llegar a convertirse en obsesivos, y así casi sin darnos cuenta podemos sentirnos bloqueados por ellos. Es interesante descubrir qué procesos seguimos para acabar sitiándonos a nosotros mismos, pero no todo va a ser negativo, también es necesario descubrir en qué áreas este carácter, este ser obsesivo de la mente puede convertirse en un aliado y ayudarnos a descubrir y desarrollar nuestro tremendo potencial.

Recordemos aquellos momentos en nuestra infancia en la que nos gustaba que nos leyesen una y otra vez ese cuento favorito, o en los que repetíamos ese juego que descubríamos que nos gustaba hasta hartarnos. Existe una parte de nosotros muy primitiva en la que la repetición es importante para aprender y afianzar prácticas que disfrutábamos, pero a veces de adultos no sabemos cómo integrarla y deseamos negarla o suprimirla, es en estos casos cuando se convierte en un vecino agotador y muy incómodo con el que no se quiere convivir, generando mucho sufrimiento y discrepancias con uno mismo.

Si deseamos reconciliarnos con este aspecto tenemos que observar en qué capacidades nos ha sido y, bien enfocadas, nos siguen siendo útiles para llevar una vida más satisfactoria:

Ser obsesivo es bueno para el aprendizaje y mantenimiento de nuevos hábitos y habilidades

Poseemos esa capacidad en la que, como cuando éramos pequeños, si algo no sale como esperamos podemos repetir su desempeño hasta aprenderlo gracias a esa constancia característica de los rasgos obsesivos. Si nos proponemos nuevas metas, querremos conseguirlas y probaremos diferentes opciones hasta dar con la que se ajusta a lo que deseamos. Tenemos una buena predisposición a aprender.

La ventaja de ser obsesivos es que no nos daremos fácilmente por vencidos y la exigencia interna de acabar con lo que hemos empezado nos podrá proporcionar aprender nuevas habilidades y establecer hábitos diferentes antes de abandonar, lo que con alta probabilidad nos irá acercando a nuestro objetivo final. No olvides permitirte disfrutar de los pequeños hitos que vayas alcanzando, la mayoría ha abandonado antes de conseguirlo, tú lo has logrado así que felicítate por ello.

Podemos disfrutar más que otros de lo que hacemos

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La meticulosidad y el perfeccionismo que nos caracterizan, hacen que el desempeño de actividades con las que disfrutamos sea mucho más intenso. No hacemos las cosas por hacer, en cambio, solemos esmerarnos.

Al contrario que muchos, podemos disfrutar de tareas monótonas y/o que forman parte de la rutina; la repetición no supone un conflicto para las personas con tendencias obsesivas, es más, quizás sea un procedimiento con el cual se sientan más cómodas y seguras que con la innovación o los cambios.

La dedicación que nos impulsa hacia las tareas que nos reportan bienestar hace que nuestra atención se pueda sumergir en eso y nada más, disfrutando plenamente de ello.

Ser obsesivo produce mejores resultados

Apoyándonos en los puntos anteriores, si buscamos realizar actividades que nos gustan y nos sumergimos en el disfrute de las mismas, además, buscaremos obtener resultados de la mayor calidad posible. Si somos conscientes de nuestras habilidades y límites podremos ajustar óptimamente nuestro desempeño y sentirnos muy reconfortados al finalizar la tarea.

Los rasgos obsesivos hacen que nos centremos más en los detalles y en cuidar el acabado final, por lo que disfrutaremos durante este proceso y del resultado último que, con probabilidad, será excelente y marcará la diferencia.

No te reprendas si cometes errores o te dejas algo por el camino, aprende a soltar. Ten en cuenta que te has encaminado de forma natural a conseguir un buen resultado y lo has alcanzado; centrarte en algo más allá será dirigirte hacia una fuente de bloqueo y frustración, así que utiliza esa búsqueda de la perfección hasta que te sea útil y a partir de ahí intenta marcarte límites. Recuerda: lo mejor es enemigo de lo bueno.

Ser obsesivo tiene como consecuencia una elevada capacidad de análisis

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La necesidad de observación y control que se desprende de nuestro ser obsesivo puede ser algo increíblemente valioso si lo enfocamos hacia aspectos que nos beneficien.

Pongámonos en el supuesto extremo, entramos en un lugar en el que no habíamos estado nunca y nos encontramos en una situación en la que no sabemos si peligraremos; ten por seguro que de un vistazo breve habrás analizado toda la sala y a las personas que allí se encuentren; sabrás qué cosas hay y dónde están situadas. A su vez, y sin necesidad de imaginar una situación tan excesiva, en la vida cotidiana podrás comprobar que analizamos con detalle aspectos que para otras personas pasan desapercibidos.

El problema en este punto es que fácilmente podemos desarrollar un juicio de lo que analizamos, cayendo en etiquetas o ideales rectos que condicionen nuestra forma de observar aquello y a aquellos que nos rodean. En estos casos, confía en tu capacidad ágil de observación y cuestiona la veracidad de tus valoraciones acerca de lo que analizas, las cosas no suelen ser o blancas o negras.

Ser obsesivo nos hace ser buenos planificadores

De nuevo esa necesidad de control y de seguridad hace que queramos anticiparnos a las circunstancias venideras. Esto hace que nos guste planificar lo que vamos a hacer mañana o en un viaje próximo, y realmente le saquemos a la experiencia más provecho que otras personas. Quizás seas, de entre tu grupo de amigos o familia, el que lleva la voz cantante la mayoría de estas ocasiones y el que organiza las quedadas o los viajes… se te da bien.

Nos estructuramos el horario intentando compaginarlo con las actividades que deseamos llevar a cabo, lo que favorece que nos organicemos mejor los tiempos y la productividad.

Sin embargo en casos de excesiva querencia hacia el control podemos enfadarnos por los incidentes no planificados o cambios de última hora, sintiendo que están frustrando nuestro planes o que estamos perdiendo el tiempo. Si nos ocurre esto con frecuencia, es necesario que flexibilicemos esa necesidad de que todo tenga que suceder como lo esperábamos: no somos los responsables de todo lo que está sucediendo ni tenemos el control de todo, y en muchos momentos no se tratará de algo personal contra nosotros. En ocasiones también se trata de apreciar no sólo la eficacia sino permitirnos algo distinto, aprender a parar, a aburrirse y a ser improductivos en determinados momentos, ya que igualmente forma parte de la experiencia de vivir.

Responsabilidad a flor de piel

Muy al hilo de lo anterior, el desentendimiento en cuanto a la planificación y tareas no es su fuerte. Por lo que estamos hablando de personas responsables (en ocasiones hiper responsables), que en la medida de sus posibilidades pondrán ahínco, disposición y compromiso hacia las tareas en las que deseen implicarse. Su entrega será un punto muy beneficioso para sí mismos y seguramente para los que les rodean, digamos que supone casi una garantía. Sólo hay que pararse a elegir en qué ámbitos queremos entregarnos.

Esta capacidad de las personas con tendencias obsesivas suele darse en la productividad y la obtención de beneficios materiales y/o internos de satisfacción por un trabajo y resultados bien hechos, pero en ocasiones puede volverse una trampa en la que nos presionamos y creemos que debemos cumplir con lo que se espera de nosotros.

Se nos olvida cultivar con la misma perseverancia la responsabilidad que cada uno tiene consigo mismo. Es importante adquirir un compromiso consigo y responsabilizarse del autocuidado de nuestra salud: valorarnos y marcar los límites que necesitemos, dejar filtrar la laxitud en ocasiones, ser conscientes de que (precisamente por todo lo dicho anteriormente) seremos capaces de adaptarnos y afrontar con constancia las situaciones que se nos presenten… Comprobar que no pasa nada por cambiar de idea o delegar en otros, puede que sean prácticas interesantes para relacionarnos más amablemente con estas ideas de responsabilidad que en ocasiones sentimos que nos oprimen. Quizás vayamos cambiando la creencia de que somos imprescindibles para los demás y empecemos a darnos cuenta de lo imprescindibles que somos para nosotros mismos; ése será el principio de una gran amistad con nuestro tremendo potencial.

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