¿Que es el trastorno por estrés postraumático?

Finales de abril de 1975, los últimos ciudadanos, diplomáticos y personal de apoyo militar estadounidense salen de Saigón, la capital de Vietnam del Sur fue definitivamente tomada por las fuerzas comunistas de Ho Chi Minh. Con estos hechos se daba por finalizada la costosa y brutal Guerra de Vietnam. Muchos de los combatientes estadounidenses creyeron que había acabado la pesadilla que les supuso el conflicto más largo de la historia de su país hasta el momento, pero no fue así. A su vuelta, centenares de miles de soldados  con los sintomas del trastorno por estres postraumatico intentaban con dificultad adaptarse a una vida civil normalizada; los recuerdos de destrucción, brutalidad y muerte volvían una y otra vez a sus mentes.

Ya habían comenzado a llamar la atención de los clínicos en el ámbito militar desde finales del S. XIX y principios del S. XX determinados síntomas como vértigo, pesadillas de combates frecuentes, claustrofobia, temblores, dolor de cabeza, insomnio, debilidad, irritabilidad, depresión y alucinaciones visuales y auditivas en los combatientes de guerras acontecidas anteriormente, pero no fue hasta los estudios llevados a cabo con los aproximadamente 70.000 veteranos afectados por la guerra de Vietnam cuando se nombraron bajo la categoría de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), tal y como lo conocemos en la actualidad.

El trauma es el resultado de la exposición a un acontecimiento estresante inevitable que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de la persona. El trastorno por estrés postraumático se define así por una serie de síntomas característicos que aparecen después de la experiencia directa, observada o transmitida por otros, de un suceso o sucesos extremadamente traumáticos, a los que la persona respondió con miedo, impotencia u horror intensos. Veremos más adelante que para que se dé se requiere, pues, no sólo cierto tipo de sucesos, sino también cierto tipo de respuestas.

El acontecimiento que dispara el trauma puede ser algo ocurrido en la vida de la persona o algo ocurrido a una persona cercana a él o ella, y los sucesos que pueden desencadenarlo son: combate militar, ataques personales violentos (agresión sexual, agresión física, atraco), ser secuestrado o tomado como rehén, ser encarcelado como prisionero de guerra o en un campo de concentración, vivenciar un ataque terrorista, tortura, o desastres naturales o provocados por el hombre (incendios, explosiones, erupciones volcánicas, inundaciones, huracanes, terremotos), accidentes graves en medios transporte, o recibir un diagnóstico de enfermedades potencialmente mortales (por ejemplo cáncer o SIDA). En el caso de los niños, los sucesos traumáticos de carácter sexual pueden incluir las experiencias sexuales evolutivamente inapropiadas sin amenaza, violencia o daño.

¿Qué síntomas podrían desencadenarse en la persona a raíz de un evento traumático?

  • La experimentación mental repetida y persistente del evento traumático, por ejemplo mediante sueños, recuerdos intrusos o flashbacks. Se trata de pensamientos, sentimientos y conductas específicamente relacionadas con el suceso que se viven como intrusivos, ya que no son deseados por la persona, y que hacen que tengan la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo en el presente. Estos episodios de reexperimentación mental pueden desarrollarse después de un período de meses o años tras el acontecimiento.
  • La evitación constante de los estímulos asociados con el trauma y la disminución de la capacidad general de reacción vital, como la reducción del interés en actividades significativas o atravesar por un periodo de embotamiento afectivo. Los afectados tienden a evitar de los lugares, situaciones o personas asociados al hecho traumático, en un intento por conseguir un distanciamiento psicológico y emocional del trauma. Debido a lo desagradable que le resulta la reexperimentación del suceso traumático, por tanto, también evitan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos que puedan tener relación.
  • En los niños, los esfuerzos por evitar los pensamientos y sentimientos relacionados con el evento traumático tienden a mostrarse a través de la pérdida de habilidades recientemente adquiridas, regresiones, temor a la oscuridad, evitar conversaciones respecto al suceso, eludir actividades en que aflore el recuerdo y una amnesia parcial o total.
  • Niveles elevados y persistentes de activación fisiológica que no se vivían antes del trauma, experimentando síntomas como dificultades para conciliar o mantener el sueño, para concentrarse, ataques de ira, hipervigilancia o respuestas exageradas de sobresalto.
  • En niños también se pueden desarrollar dificultades para conciliar el sueño, para terminar una tarea, o cambios en relación al manejo de la agresividad, mayor irritabilidad, incluso explosiones impredecibles o incapacidad para expresar sentimientos de rabia.

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Se trata de un tremendo malestar psicológico acompañado de una continua hipervigilancia que mantiene la reacción de estrés, como si volviera a repetirse actualmente la situación traumática, o pudiera repetirse en cualquier momento, generando agotamiento, emociones intensas de naturaleza continuamente negativa, sintiendo miedo, terror, enfado, culpa o vergüenza, y sintiéndose incapaces de experimentar otro tipo de emociones, pensamientos irracionales, sesgo atencional (todo el tiempo se piensa en lo mismo), sesgo interpretativo (estímulos que antes eran neutros ahora se viven como amenazantes y se evitan), que aumentan aún más la intensidad de las respuestas de ansiedad, sumando más impotencia, debilidad y agotamiento.

Se estima que hasta un 3% de la población puede verse afectada por el TEPT en algún momento, y aunque el inicio y duración de la reexperimentación de la escena en pensamiento, la evitación y la hiperactivación del organismo difiere según la persona, se suelen distinguir tres formas de presentación: 1) pueden comenzar durante los tres primeros meses tras el evento, 2) los síntomas duran seis o más meses y 3) su aparición se de seis meses o más después del trauma, es su forma más tardía. Hay que tener en cuenta que si la duración es inferior a un mes no estaríamos hablando de un caso de TEPT sino de un trastorno por estrés agudo.

En general, los datos de las investigaciones tienden a indicar que la continuidad de las reacciones postraumáticas varía en función del tipo de experiencia traumática vivida. Las principales diferencias se encuentran entre eventos traumáticos causados por la naturaleza (catástrofes) y eventos causados por la acción del ser humano. Cuando se trata de eventos traumáticos realizados por personas, los niveles de estrés asociados suelen ser superiores en intensidad y duración. Las crueldades humanas se graban en la memoria con un patrón que puede llegar a generalizarse, sintiendo miedo ante cualquier cosa vagamente similar al asalto mismo. La huella que el horror deja en la memoria y la consecuente actitud de hipervigilancia puede durar toda la vida.

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Sin embargo el concepto de TEPT ha evolucionado, existiendo actualmente muchos debates entre los profesionales de la salud mental sobre las causas que lo originan. ¿Es acaso el propio trauma o situación lo que únicamente provoca la presentación de síntomas? ¿O es la vulnerabilidad que tiene la persona lo que hace que los desarrolle? ¿O por el contrario, es la dificultad del individuo de asumir su propia vida y enfrentarla lo que lo lleva a escapar de la dolorosa realidad a través de la enfermedad? Muchos autores opinan que no sólo es la vivencia del evento traumático lo que ocasiona el trastorno (si no resultaría difícil comprender por qué cada persona, ante situaciones estresantes, reacciona de una manera diferente), sino que la predisposición a presentar TEPT es una cuestión individual, es decir, que hay que considerar factores genéticos, ambientales, y psíquicos.

Siguiendo este criterio, influye nuclearmente en el TEPT cómo los acontecimientos son procesados, vividos e interpretados en definitiva, por la persona. Cuando las personas tienden a la inestabilidad emocional; mal control de los sentimientos y emociones, baja tolerancia a la frustración, tendencia a la ansiedad, negación de la realidad y no afrontamiento de aquello que les contraría, pasividad, e impulsividad, magnificando lo que les sucede, y se complacen en la victimización o autocompasión,…; esta carencia de recursos psicológicos les hace mucho más vulnerables a los acontecimientos que entrañan sufrimiento, amenaza, inseguridad, experimentando mayor daño.
Es importante el abordaje que haga la persona a posteriori, trabajando con sus creencias y la integración del episodio sucedido, puesto que puede ver alterada su capacidad para recordar un aspecto importante del mismo, o mostrar expectativas negativas exageradas sobre sí mismo, los demás o el mundo, como por ejemplo pensar que no puede confiar en nadie; incluso, en el esfuerzo por integrar el trauma por sí sola, la persona puede generar una percepción de lo ocurrido distorsionada, acusándose a sí mismo o a los demás de ser los causantes.

La organización Veteranos de Vietnam Contra la Guerra (que fue la primera organización de veteranos de una guerra aún en curso en oponerse a ella) empezó a buscar ayuda psicológica fuera de los ámbitos oficiales. Ayudaron a tomar conciencia.

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