Los pacientes aquejados de trastornos de ansiedad son unos candidatos idóneos para la relajación y la meditación ya que suelen poseer una serie de peculiaridades que pueden facilitar su iniciación y profundización. Pero en ocasiones por más que lo intentemos no conseguimos relajarnos.

Lo primero que es importante a destacar consiste en que no debemos realizar este tipo de ejercicios con la pretensión de estar relajados al 100% ya que a la mente le gusta jugar a lo paradójico y entonces ocurrirá que no conseguiremos relajarnos.

Existe una representación gráfica hindú que pretende ilustrar esta idea que estamos tratando, en la cual se ve a Buda encima de un elefante y con un mono a su lado. La enseñanza nos dirá que primero hay que aprender a dominar al mono el cual simbolizaría la parte de nuestra mente que más pregunta, cuestiona y descarrila en pensamientos constantes, mirando siempre hacia un pasado ya inmodificable o un futuro incierto; pero una vez que seamos conscientes de que existe el mono y hayamos aprendido a dominarle, deberemos hacer lo propio con el elefante el cual representaría la inactividad y el sueño, ya que cuando el mono se calla, el sopor del elefante está al acecho. De tal forma que el estado intermedio entre el mono o la actividad y el elefante o inactividad, será lo que perseguirá la relajación. Digamos que en la relajación uno está “profundamente despierto”, es un acto donde nuestra atención está al máximo.

Entonces, ¿qué hacer con el mono que acompaña a Buda?

Imaginemos que somos un conductor de un autobús y los pasajeros comienzan a quejarse: unos quieren que les llevemos para otros lugares que se salen del recorrido habitual, otros que paremos inmediatamente… ¿Cuál es la mejor opción entonces?, ante las diferentes órdenes que estamos escuchando sabemos que si discutimos o, por el contrario, les hacemos caso, no llegaremos a ninguna parte; de tal forma que lo más beneficioso sería hacer como hacíamos con nuestras madres cuando nos regañaban por algo: estar pero no estar, mantenernos ahí dejando hacer, pero sin enredarnos en escuchar o discutir lo que nos puede desviar, continuando con la actividad que estábamos llevando a cabo (buscando ese estado de flujo).

Por otra parte, otra de las dificultades que podemos llegar a encontrar son las prisas. Es importante abrir un espacio para nosotros en el que estemos tranquilos, a poder ser de forma diaria.

La falta de conciencia sobre la propiocepción (la sensación de sentirnos a nosotros mismos, el sentido del YO y de mi posicionamiento en el espacio); un ejemplo de una situación en la que podemos llegar a experimentar dificultades para percibir nuestra propiocepción sería cuando se nos suministra anestesia. Hemos de saber que la gente con mucha ansiedad no tiene la propiocepción muy definida, pero a la contra también es importante que sepamos, si es nuestro caso, que éste es un procedimiento que se puede practicar y aprender a base de experimentación y tiempo. Paradójicamente se ha comprobado que las personas con ansiedad poseen una experiencia propioceptiva mucho más rica, sin embargo perciben esta mayor sensibilidad como una amenaza.

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Preocupación por las sensaciones nuevas, ya que en determinados perfiles de personalidad da bastante vértigo relajarse. Esto se palia a través de la experimentación pura y dura, descubriendo a lo largo de la travesía lo grato que puede llegar a resultarnos conocer desde otro punto de vista nuestro propio cuerpo y mente.

Pensamientos distractores o molestos (“el mono de Buda”), que como ya dijimos anteriormente se pueden sobrellevar si los dejamos estar intentando mantener el “estado de flujo” sobre la actividad.

Además encontramos comúnmente sentimientos como la ansiedad o el miedo a perder el control, los cuales pertenecen a ese área que dificulta la consecución del estado de relajación.

Dormirse (“el elefante”), es un estado que no buscamos a lo largo del proceso. Cuando uno empieza a entrar en un estado de relajación tiende a dormirse, pero no pretendemos eso, no buscamos la desconexión total durante este proceso, sino que de lo que se trata será enfrentarnos a ese estado de relajación, buscaremos el estar despiertos en el aquí y ahora. De tal forma que para evitar el posible adormilamiento, si así lo necesitamos, nos estiraremos antes de volver de nuevo a retomar la situación de actividad.

Mioclonias, es decir, cuando el cuerpo intenta relajarse y sentimos vértigo. Decimos que esta sensación a veces aparece poco a poco, pero en esta ocasión puede darse más bruscamente, por lo que, con el fin de evitar sustos innecesarios, es importante que sepamos que esto puede llegar a suceder, aunque no produzca ningún tipo de peligro para nosotros.

Necesidad paradójica de moverse. Bástase que haya silencio interior para que nos demos cuenta de que nos pica algo y queramos movernos, por ejemplo sucede esto muchas veces en las resonancias magnéticas. Si esto nos sucede en medio de una sesión de relajación lo suyo es dejarlo pasar, no centrarnos en si nos movemos o no, sino que es recomendable rascarnos en ese momento y continuar, para evitar hacer de la relajación algo claustrofóbico y rígido.

 

 

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