NEUROBIOLOGÍA

Hay personas con una respuesta biológicamente heredada que las hace más susceptibles a padecer trastornos de ansiedad que a otras.

Los núcleos cerebrales están interconectados entre sí por medio de unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores (biomoléculas que transmiten información de una neurona a otra sucesivamente). Los siguientes neurotransmisores son importantes por su relación en la aparición y/o regulación de la respuesta de ansiedad:

Dopamina

Esta sustancia se encuentra distribuida en el cerebro en mayor medida que la noradrenalina, estando la biosíntesis de esta última estrechamente ligada a la de la dopamina; la importancia de esta sustancia reside en el control de los movimientos, en la expresión de los estados afectivos y en la capacidad de juicio.

Ácido Gamma Amino Butírico (GABA).

Neurotransmisor distribuido por todo el cerebro aunque mayormente en el cerebelo; las vías implicadas en su distribución tienen fundamentalmente el efecto de disminuir las respuestas al miedo, afectando también a la capacidad de aprendizaje.

Acetilcolina

Actúa a nivel del hipotálamo aunque su acción se manifiesta de forma generalizada. Es esencial para regular el sistema de vigilancia y para controlar áreas de asociación. Su alteración puede observarse en síntomas como problemas de atención, memoria, confusión y/o desorientación.

Somatostatina

Ejerce su acción fundamentalmente en la hipófisis aunque también en el sistema límbico entre otros. Juega un importante papel en el comportamiento, pudiendo reducir la actividad motora.

Neuropéptido Y

Influye en el sistema nervioso central con su acción ansiolítica; parece estar implicado en actividades de control de la ansiedad.

Colecistoquinina.

También es un neuropéptido que parece estar relacionado con la manifestación de emociones, aún en vías de investigación; existen dos subtipos principales cuya estimulación conjunta parece generar estados de ansiedad y su bloqueo tiene efectos ansiolíticos.

Las sustancias químicas que hemos enumerado viajan a lo largo de las diferentes áreas cerebrales, así que para seguir dilucidando el mecanismo del miedo tendremos que hacer una especie de mapa que nos ayude a entender el recorrido que sigue la emoción.

Los hemisferios cerebrales están cubiertos por la corteza cerebral, que es el manto de tejido nervioso que cubre toda su superficie como la corteza de un árbol. La corteza cerebral contiene los ganglios basales y el sistema límbico, éste último, conocido como “cerebro emocional” es uno de los engranajes importantes implicados en el mecanismo de ansiedad, cuya función principal es la gestión de las respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales, también está relacionado con la memoria, la atención, siendo el principal responsable de la mayoría de los impulsos básicos, emociones y movimientos asociados, relacionándose directamente con la sensación y expresión del miedo, furia, sexualidad, búsqueda del placer, escape del dolor, al igual que de la sensación de ansiedad. El sistema límbico es la parte más primitiva de la corteza cerebral y está compuesto por un grupo de regiones cerebrales entre las que se encuentran el tálamo, hipocampo, amígdala y partes del hipotálamo principalmente, cuya interacción influye en el proceso del miedo.

  • El tálamo contiene núcleos que proyectan información a regiones específicas de la corteza cerebral y recibe información de ella. Gracias a él procesamos toda la información sensorial (a excepción de la olfativa), incluyendo la temperatura, el dolor o la presión; también se integran las aferencias o instrucciones corticales que constituyen la conducta, por lo que podría definirse como un centro de integración cerebral.
  • El hipocampo es una de las partes más importantes del sistema límbico, es esencial para la formación y consolidación de toda memoria nueva y, por ende, para el aprendizaje. Cuando es necesario recordar situaciones o detalles concretos, el hipocampo envía señales a la corteza repetidamente, permitiendo que se almacenen de manera permanente.
  • La amígdala, rica en diferentes neurotransmisores, juega un papel importante en la coordinación de las representaciones corporales de las emociones y en la percepción consciente de ellas; estando fuertemente ligada a la sensación, expresión y regulación de las emociones.
  • El hipotálamo está asociado a la regulación del sistema nervioso autónomo (SNA), el cual controla las acciones involuntarias, más concretamente se encarga de la homeostasis del organismo (capacidad de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante el metabolismo). Esta capacidad de autorregulación de los déficits o excesos abarca diferentes hormonas, el apetito, la sed, el funcionamiento cardiovascular o el mantenimiento constante de la temperatura corporal.

La acción del hipotálamo es esencial para lograr la coordinación mente-cuerpo. Reacciones emocionales como el placer, la ira o el miedo estimulan estructuras hipotalámicas para producir los cambios fisiológicos relacionados con cada emoción, incidiendo por tanto en el SNA –el que, entre otras acciones involuntarias, se encarga de la manifestación somática de la vida emocional-.

Brevemente describiremos el funcionamiento del SNA como una parte importante implicada en el proceso de la ansiedad. El SNA está conformado por dos partes que se complementan, se oponen y se regulan entre sí para conseguir la autorregulación del organismo: el sistema nervioso simpático, que actúa activando las funciones organísmicas de la persona (dilatando vasos sanguíneos, aumentando la actividad cardiaca, liberando adrenalina…) con el fin de prepararla para un posible peligro ante el cual tenga que enfrentarse o huir; y el sistema nervioso parasimpático, el cual actúa después para corregir y nivelar el exceso de activación sufrida por el organismo durante ese episodio que la persona interpretó como peligroso.

Los diferentes componentes del sistema límbico se encuentran en permanente interacción con la corteza cerebral, área del cerebro más característicamente humana dado que se le atribuyen funciones como pensar, planificar, deducir, imaginar o la capacidad de abstracción y lenguaje. Esta parte cerebral filogenéticamente más evolucionada es la última responsable de la interpretación de la información que llega tanto del mundo externo como del propio cuerpo. Las áreas más evolucionadas de la corteza son los lóbulos prefrontal y frontal (que tomados en conjunto son denominados como neocórtex) y son los encargados de las funciones ejecutivas (aquellas que nos permiten llevar nuestra conducta hacia un fin) y lo que más nos interesa: actúan como árbitros o entrenadores de las distintas emociones que experimentamos.

Joseph LeDoux, director del Centro para la Neurociencia del miedo y la ansiedad de Nueva York, realiza investigaciones centrándose en las bases biológicas de la memoria y la emoción, especialmente en los mecanismos del miedo. LeDoux afirma que la totalidad de lo que es una persona es la confluencia de factores físicos, biológicos, psicológicos, sociales y culturales, teniendo en cuenta procesos cerebrales que se producen de forma consciente e inconsciente. En su libro El Cerebro Emocional segura que la mayor parte de la actividad emocional cerebral no se produce a voluntad de la persona; que los sentimientos sólo aparecen cuando esos mecanismos se ponen en funcionamiento en un animal que tiene la capacidad de tener consciencia de sí mismo y de sus relaciones con el ambiente.

Si entendemos el funcionamiento cerebral desde una perspectiva integradora como la de LeDoux, un esquema muy sintetizado del proceso sería el siguiente:

La persona percibe el estímulo, que llega inicialmente a la amígdala, la cual se relacionará principalmente con dos vías para procesarlo: una que implica el hipocampo, procedimiento que se da de forma automática e independiente de la voluntad de la persona, siendo una especie de memoria emocional primigenia, que daría lugar a una respuesta emocional aprendida no conscientemente, es decir que estaríamos hablando de una especie de mecanismo cerebral del miedo cuya base neuronal está basada en la respuesta de defensa; y otra que se relaciona con la corteza cerebral, a través de la cual recuperamos memorias conscientes, sensaciones mayormente de carácter subjetivo que se elaboran a través de la razón, es decir la parte que se relaciona con la formación de recuerdos emocionales que implican el condicionamiento del miedo.

En una entrevista LeDoux argumenta “Hay muchas más fibras nerviosas en el sentido amígdala-neocórtex que al revés. De modo que cuando se recurre al psicoterapeuta es para intentar reforzar mediante la palabra las señales que van del neocórtex a la amígdala. En cambio, la farmacoterapia ayuda a que las vías de comunicación que van de la amígdala al córtex tengan menos potencia, ayudando a debilitar las señales que van en este sentido”. Así que según este autor la emoción parece ser más fuerte que la razón, resultándole más fácil a la primera controlar nuestras reflexiones. Aunque a priori parece más complejo que el pensamiento racional controle la emoción, desde las nuevas perspectivas se apuesta por que la razón pueda decir basta a la emoción en gran medida; para ello, igual que ejercitamos nuestro cuerpo, quizá tengamos que ejercitar nuestra mente.

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