¿Existe un mito del trauma, creencias arraigadas acerca de la experiencia traumatica?

Todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, vamos a pasar por momentos difíciles o traumáticos (fallecimiento de un ser querido, algún problema o enfermedad médica, etc.). Es un hecho. Lo importante no es tanto la situación en sí -que también-, sino sobre todo cómo la interpretamos y cómo la afrontamos.

Existe una gran variedad de estrategias de afrontamiento que la persona puede utilizar o poner en marcha ante una situación estresante: confrontación directa del problema, planificación de alternativas para solucionar el problema, distanciamiento (tomar distancia, no pensar en ello), autocontrol de las consecuencias emocionales que nos genera, aceptación de la propia responsabilidad en el problema, evitación-escape, reevaluación positiva (identificar lo positivo del problema) y búsqueda de apoyo social, entre otras.

No obstante, en la creencia popular existen una serie de ideas extendidas y arraigadas en nosotros sobre estrategias “comunes” o “normales” sobre cómo reacciona la gente -o “debería” reaccionar- ante un suceso negativo o traumático, que en realidad no tienen por qué ser siempre ciertas. Y si no, hagamos una pequeña prueba, ¿has oído alguna vez alguno de estos mitos?:

Mito del trauma 1: “Ante una pérdida o fallecimiento, todas las personas pasan siempre por las siguientes fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación”.

Depende. La elaboración de un duelo o de una situación difícil es propia de cada persona. Si bien es cierto que existen una serie de características habituales, eso no significa que inevitablemente tengan que darse todas ellas, y ni siquiera en ese mismo orden lineal, como única forma de poder “resolver o elaborar correctamente el duelo”, tal y como se suele pensar. De hecho, esta teoría de las cinco fases del duelo ni siquiera cuenta con demostración científica que la avale, y las conclusiones de los estudios que han sometido a prueba su existencia ofrecen resultados en la línea opuesta: no existen etapas del duelo universales a todas las personas.  

Mito del trauma 2: “Ante una situación difícil, siempre es mejor afrontarla directamente”.

Pensemos un momento: ¿una estrategia activa de confrontación constante del problema es siempre “buena”? ¿No sería más adaptativo, por ejemplo, tomar cierta distancia y aceptar un problema que hemos comprobado mil veces que no depende totalmente de nosotros, que no podemos cambiarlo, en vez de darnos una y otra vez “cabezazos contra la pared”, intentando cambiarlo sin éxito?

Ninguna estrategia de afrontamiento es mejor que otra, al igual que ninguna estrategia es inadecuada de por sí, ni habrá siempre una estrategia concreta que sea adecuada en todas y cada una de las situaciones, sino que depende de multitud de factores (factores individuales -estilos habituales de afrontamiento y características de personalidad- y factores situacionales -incluyendo las características del estresor y las circunstancias que lo rodean, así como la posibilidad de contar o no con recursos materiales o apoyo social-).

Mito del trauma 3: “Ante una situación difícil, es inevitable la depresión intensa”.

De hecho, podríamos continuar incluso la frase de esta forma: “..y si una persona no reacciona de esta forma, seguro que algo va mal y tarde o temprano desembocará en algo mucho peor”. ¿Seguro? ¿Y si yo no me siento así, qué ocurriría entonces? “Yo debería reaccionar así, o sentir algo que no siento”, con la consecuente frustración y culpabilidad añadida (que puede impedir u obstaculizar la adaptación a la situación).

No es muy habitual. La mayor parte de las personas no muestran un bajo estado de ánimo o tristeza con una intensidad clínica tal como para poder identificarse con un episodio depresivo; es decir, por supuesto que aparece malestar o tristeza, pero este malestar no es tan intenso como cabría esperar.

Mito del trauma 4: “Ante una situación difícil, el tiempo lo cura todo”.

Esta quizá es una de las ideas más extendidas en nuestro día a día. Tenemos que ser claros al respecto: no es el tiempo en sí, sino en realidad lo que nosotros hagamos durante ese tiempo lo que determina la adaptación o no al suceso. Y si no, fijémonos en un ejemplo: si mi pareja decide finalizar la relación y yo estoy constantemente recordando los buenos momentos compartidos o trayéndole constantemente a mi mente meses e incluso un año después, por mucho tiempo que pase no conseguiré aceptar la realidad y seguir adelante, ¿o no?

En definitiva, rompamos con las ideas extendidas de la creencia popular: no existe una forma “correcta” o “incorrecta” de afrontar las situaciones difíciles, sino que existe una gran variedad de reacciones y estrategias posibles de afrontamiento, y ninguna es mejor que otra.

 

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