“Un solo bien puede haber en el mal: la vergüenza de haberlo hecho” – Séneca

¿Qué es la vergüenza?

La vergüenza es una emoción social que se puede definir como un sentimiento que surge de una evaluación negativa del yo, cursa con la idea de ser inadecuado y el deseo de ocultarse, volverse invisible y desaparecer de la faz de la tierra.

Es una emoción que aparece cuando nos ven, o pueden vernos, haciendo algo que consideramos que daña nuestra apariencia. Algo de lo que somos se muestra y no lo consideramos favorecedor de la imagen que construimos de nosotros mismos. Esta reacción emocional autoconsciente tiene como antecedente algún tipo de juicio que hacemos sobre nuestras propias acciones o bien ese juicio lo realiza alguien externo.

Estando solos también podemos sentir vergüenza porque nuestra mente interioriza un juicio social. Otras veces, la vergüenza es anticipatoria y aparece ante la mera posibilidad de que estemos a punto de actuar en público (una exposición oral, por ejemplo) de manera bochornosa o socialmente desastrosa. Anticipamos con ello que vamos a convertirnos en objeto de burlas y creemos que vamos a hacer el ridículo.

Cabe aclarar que la vergüenza nos permite ser conscientes de nuestras limitaciones, promueve la humildad, y nos mantiene socialmente equilibrados. Pero cuando este sentimiento alcanza niveles desorbitados se convierte en una verdadera carga emocional convirtiéndola en vergüenza toxica.

¿Qué ocurre cuando la vergüenza se vuelve tóxica?

Cuando la vergüenza deja de ser una emoción y se vuelve un estado o condición, cuando se apodera de nuestra identidad, todo lo que sigue es un largo proceso de sufrimiento y deshumanización, porque básicamente vivimos la vida desde la premisa de que somos esencialmente defectuosos, carentes, incompletos e indignos. Una persona con vergüenza tóxica sufre de la peor de las calamidades, una relación de enemistad consigo misma y sufren de una común cobardía, el miedo a ser lo que realmente son. A partir de aquí construimos un falso ego que termina devorándonos y haciéndonos adictos a él.

Por eso todos los “intoxicados” que van de la mano de su vergüenza también van siempre agarrados al silencio y el ocultamiento. Esto es un principio muy importante ya que la vergüenza odia la expresión, la exposición, la confesión y el coraje de la verdad. Es muy difícil reconocerla y confesarla. Es muy difícil mostrar nuestra verdad y aceptar las cosas que hacemos o dejamos de hacer desde la simple idea de que nuestra honestidad fundamental, tal y como es, no es digna. Lo más grave es que el avergonzado no sólo esconde su ser real ante los otros, eso sería simple, si no que se esconde de sí mismo.

Una vez atrapados por la vergüenza asumimos una serie de mecanismos psicológicos típicos, aprendemos a volvernos catastróficos; nos volvemos egocéntricos y susceptibles, llenamos la vida de “todo”, “nada”, “siempre” y “nunca”, empezamos a pensar en blanco y negro sin ver al escala de grises que hay en medio, quedamos encerrados en la cárcel del perfeccionismo, sin derecho a equivocarnos, nuestra vida se satura de “deberías” que nos tiranizan y nos volvemos profesionales en el juego de la culpa. Generando discursos y diálogos promovidos por pensamientos catastrofistas y negativos:

  • Soy defectuoso
  • No soy como los demás
  • Soy incompetente
  • Nadie me quiere
  • Soy débil
  • Soy malo
  • No sirvo para nada
  • Nunca podré alcanzar mis metas
  • Todo lo hago mal

Estos pensamientos negativos empeoran la vergüenza. Los pensamientos negativos incluyen: temor al abandono, sentimiento de vacío, necesidad de complacer a los demás, parálisis, baja autoestima, aislamiento social, uso de máscaras para mantener una distancia emocional, perfeccionismo, afán de criticar y rabia.

¿Cuáles son nuestras defensas ante la vergüenza tóxica?

Las personas avergonzadas generalmente desarrollan estrategias de supervivencia que disminuyen su conciencia de vergüenza. Estas defensas minimizan el dolor a expensas de ignorar la realidad.

La negación: negar las partes de nuestra vida que nos acarrean la vergüenza borrando los problemas reales de conciencia.

El alejamiento (o evitación): alejarse de los demás de forma temporal con la consiguiente pérdida de energía e interés.

La ira: Alejar a los demás para que no puedan ver nuestros defectos. Esto sucede cuando creemos que otros deliberadamente tratan de humillarnos y recurrimos a la ira para ello.

El perfeccionismo: tratar de contener la vergüenza esforzándonos por no cometer errores o por hacer todo a la perfección.

La arrogancia: actuar como si uno fuese superior a los demás o insistir en los defectos de otros.

El exhibicionismo: exponer públicamente una conducta que preferiríamos esconder de forma exagerada.

Cuando estas defensas funcionan, se convencen de que están bien, pero realmente la vergüenza sigue dentro de ellos y seguirá disminuyendo su autoestima poco a poco.

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“Lo segundo, después de no errar, es vergüenza de haber errado” – Séneca.

Acepta y entiende tu vergüenza

La vergüenza no es ni buena, ni mala, lo importante es lo que hacemos con ella. Cuando se reconoce, se acepta y se usa para mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, es un sentimiento bueno. La vergüenza moderada promueve la conciencia de uno mismo y un reconocimiento de las relaciones.

  • Sé paciente.
  • Toma conciencia de tu vergüenza.
  • Conoce que defensas utilizas.
  • Investiga de donde viene tu vergüenza.
  • Acepta tu vergüenza como parte de la condición humana.
  • Busca ayuda, si la necesitas.
  • Enfrenta tu vergüenza, fijando metas positivas basadas en la humanidad, la autonomía y la competencia.
  • Revisa tus progresos y recompénsate.

Debemos aceptar nuestra vergüenza antes de que podamos cambiarla. Esta es la realidad. No podemos desear simplemente que desaparezca porque es dolorosa, como tampoco podemos alejarla a la fuerza.

Es mucho mejor familiarizarnos con nuestra vergüenza que tratarla con miedo o con odio. Todos, ocasionalmente, nos hemos sentido avergonzados de nosotros mismos. Trata de hacer las paces con esa vergüenza si es posible, porque realmente es otra parte tuya. Debemos respetar cada parte de nosotros mismos, incluso nuestra vergüenza, para descubrir el amor a uno mismo.

Hay cuatro principios que son especialmente significativos en este proceso: humanidad, humildad, autonomía y competencia.

Principio de humanidad: este principio es muy sencillo y claro: todos pertenecemos a la raza humana. Sin excepción. No hay que pasar ningún examen, no hay ninguna tarea que realizar, no existe manera de ser descalificado. Todas las personas son humanas y ninguna cantidad de vergüenza puede evitarlo. Convierte el deseo de ser aceptado en una conducta positiva. Es tu responsabilidad acercarte a los demás en lugar de alejarte. De la misma manera acercarte a ti mismo. Puedes convertirte en tu mejor amigo una vez que te aceptes íntegramente. Todos cometemos errores y buscamos buenas relaciones porque somos seres sociales.

Principio de humildad: Este principio sostiene que todos los seres humanos son iguales, ninguna persona es mejor o peor que otra. Si tenemos dificultades en esta área, por lo general nos sentimos ya sea inferiores o superiores a otros. Esto quiere decir que vemos la vida en una escala vertical donde constantemente competimos para ser mejores que los demás, al mismo tiempo que tenemos un gran miedo a fracasar. En estos momentos nos sentimos despreciables porque estamos avergonzados e intentaremos combatir esos sentimientos despreciando a otros. De este modo, la vida es una competencia de vergüenza de la que todos salen dañados. Podremos ganar en humildad cuando nos “bajamos” al nivel de otros.

Principio de autonomía: otra señal de los problemas de vergüenza es sentirse débil y dependiente. Si nos sentimos así, necesitamos fijarnos metas que reflejen el principio de autonomía, cada uno tiene el derecho y la responsabilidad de decidir cómo quiere vivir su vida. Funcionar en forma independiente, significa que tenemos una identidad propia, lo que quiere decir que no tenemos que vivir dándole gusto a los demás por miedo a que nos rechacen o nos abandonen, Tendremos la suficiente confianza en nosotros mismos para ser independientes si esto fuera necesario.

Principio de competencia: este principio nos dice que todas las personas son lo suficientemente buenas para contribuir de manera valiosa y decisiva en el mundo. Cuando creamos en nuestra competencia, entenderemos el trabajo que debemos llevar a cabo para desarrollar nuestros talentos y capacidades.
No tenemos que ser perfectos en todo lo que hagamos. El fracaso ocasional es una parte inevitable del ser humano. A veces podemos aprender de los fracasos y continuar hacia adelante para ser más competentes. En otras ocasiones, solamente nos quedará aceptar las desilusiones, pero aun así podremos aprender de ellas.

Busca ayuda, no tienes que hacerlo sólo.

El aislamiento es una reacción común a los sentimientos de vergüenza. Cuanto más profundamente esté afectada una persona por ella, más tratará de esconder sus pensamientos, sentimientos y conductas. Las personas avergonzadas mantienen en secreto grandes áreas de su vida porque creen que los otros se burlarían de ellas si supieran quiénes son realmente. Desafortunadamente, la vergüenza prospera con el secreto. Escondiendo su identidad, la persona profundamente avergonzada sólo se convence a sí misma de que tiene muchos defectos.

Es necesario que tengamos valor de dejar que otras personas vean las partes que nosotros mismos condenamos. Cuando hagamos esto y cuando las personas que vean nuestra vergüenza nos acepten en vez de condenarnos, poco a poco iremos ganando confianza en nuestra integridad como seres humanos.

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