La imparable investigación y desarrollo en el campo de las nuevas tecnologías es un hecho conocido por todos, en pocas décadas hemos experimentado gracias a ello grandes avances y cambios en prácticamente todos los ámbitos de nuestras vidas, resultando más cómodo y accesible por ejemplo el hecho de comunicarnos con otras personas, o tareas como transmitir conocimientos en las aulas. De hecho el curioso fenómeno que se ha desarrollado a raíz del juego para dispositivos móviles Pokémon Go y sus millones de fans, es una prueba de cómo puede llegar a inundar y guiar la tecnología nuestra cotidianidad.

Fijando nuestra atención en el ámbito más formal, la introducción de las tecnologías de la información y la comunicación, actualmente también denominadas TIC, da como resultado una serie de adelantos facilitadores en diversos campos científicos; concretamente hoy os traemos lo que está llevándose a cabo en el ámbito de la psicología clínica. Y es que la aceptación de las TICs en la prevención, promoción y tratamiento de la salud mental es un hecho que día a día está ampliando las posibilidades de mejorar el estado de salud de las personas.

El área donde hasta ahora se han implantado más estos métodos ha sido en el campo de los trastornos de ansiedad, aunque ya comienza a verse en el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria o en el de adicciones. Hoy en día existe una larga serie de evidencias científicas que avalan las técnicas de exposición como el tratamiento que resulta más eficaz para aquellas personas que piden ayuda profesional por motivos de ansiedad; consisten en enfrentar a la persona a la situación o situaciones que teme de una forma repetida, gradual, sistemática y bajo la supervisión de un psicoterapeuta. Tradicionalmente ha habido dos maneras de hacerlo:

a) En vivo: Desarrollo en el que la persona debe confrontar la situación en la realidad.

b) En imaginación: Elegida mayormente para situaciones que resultan complicadas por los medios o costes que suponen como es montar en avión, o a las que requieren circunstancias difícilmente reproducibles como ciertos miedos a enfermedades o en casos de estrés postraumático.

Ambas formas suelen integrarse dentro de protocolos de tratamiento más amplios, en los que se combina la exposición con otras estrategias complementarias, las más frecuentes serían técnicas como la relajación, la psicoeducación o la reestructuración cognitiva.

Si bien las técnicas de exposición son eminentemente útiles en la práctica, no todo el mundo inicialmente se atreve a exponerse en vivo, o puede que estemos desentrenados en esto de imaginar a voluntad… es en estos casos donde los profesionales han observado la necesidad de ampliar los métodos para desarrollar nuevas formas de aplicar la técnica de la exposición.

Comienza a ser visible el uso terapéutico de aparatos de realidad virtual (usualmente gafas) que tratan de simular la realidad de manera controlada, de forma que la persona se encuentra en un espacio tridimensional en el que puede interactuar con los elementos virtuales similar a como interactúa con los ele­mentos reales. Este método supone un paso más aproximado al que se podía vivenciar con los programas asistidos por ordenador hasta entonces, ya que resulta más atractivo y nos facilita el sumergirnos en la escena virtual, aportando mayor sensación de presencia que la que podemos sentir ante una imagen superpuesta en una pantalla al uso.

Pero quizás para muchos de nosotros la realidad virtual no nos facilita esa sensación de inmersión que buscamos en la escena, ya que en ocasiones puede llegar a resultar un mundo demasiado sintético, por lo menos hasta la actualidad según los avances alcanzados. Y es aquí donde entra en juego la utilidad de otro sistema TIC llamado realidad aumentada (RA).

¿En qué consiste la realidad aumentada?

La RA es una variación de la realidad virtual, en la que informáticamente y a través de unos sensores para determinar la relación entre el usuario y su entorno, se integran o superponen elementos virtuales (pudiendo ser textos, imágenes, objetos, seres, etc.) en la imagen que proporciona una o más cámaras del contexto real; de tal forma que la persona a través de un dispositivo como móvil, tablet o, en la práctica clínica, un casco, obtiene un único visionado compuesto por elementos reales y virtuales.

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De cara al tratamiento de la ansiedad, la RA permite introducir en el entorno habitual de la persona estímulos intensamente temidos, en tiempo real, complementando la realidad en vez de reemplazarla como supone la realidad virtual. Esta variación en la visualización, hace que en la práctica la persona experimente menos discrepancias entre el medio real y los estímulos virtuales, por lo que la escena resulta más creíble y, por ende, proporcione una experiencia más inmersiva para muchos de los pacientes.

Si comparamos la exposición tradicional con respecto a la llevada a cabo a través de realidad aumentada, observamos las siguientes ventajas de ésta última:

  • Favorece una mayor aceptación de la técnica y reduce el posible abandono de la terapia. Debido a las dificultades que pueden experimentar determinadas personas, comentadas anteriormente, a las que les resulta excesivamente aversivo el hecho de exponerse y/o la estrategia de evitar está muy presente en su funcionamiento diario.
  • Se pueden prevenir eventos incontrolables del entorno.
  • Existe un mayor control de estímulos, el terapeuta puede graduar el número, la intensidad y naturaleza de los mismos.
  • Permite su repetición cuantas veces se desee o necesite, reproduciendo en cada una de las ocasiones los mismos parámetros o no, según lo requerido.
  • Por lo que se llega a conseguir una mayor individualización de las sesiones, mediadas por las necesidades personales.
  • No es necesario salir de la consulta.

En contraposición, se dan las siguientes desventajas:

  • Supone un alto coste, tanto el software como los soportes o aparatos compatibles.
  • Puede llegar a distraer a los pacientes de sus emociones, centrándose únicamente en la experiencia tecnológica en sí.
  • Una técnica utilizada a nivel informático está sujeta a errores del sistema: la capacidad inmersiva de la persona depende de la tecnología, y si ésta falla la exposición no se podrá llevar a cabo.
  • Puede ser que impida la generalización a contextos reales, favoreciendo la evitación, si no se complementa el proceso terapéutico posteriormente con la vivencia íntegramente real.

Lo que es cierto es que tanto la RV como la realidad aumentada son técnicas que suponen un enriquecimiento de la exposición y una aplicación más higiénica de la misma. En nuestro país ya se han desarrollado programas de RA enfocados a abordar ciertas fobias específicas; hubo un proyecto en el 2005 encabezado por la investigadora y catedrática de psicología en la Universidad Jaume I, Cristina Botella, en el que se trabajó para el tratamiento de la fobia a animales pequeños (arañas y cucarachas) y la acrofobia (o fobia a las alturas), con resultados favorables. Cabe pensar que al igual que con la realidad virtual se realizaron grandes avances en los que se ha conseguido ampliar el campo de acción, pasando de las fobias específicas al tratamiento de trastornos más complejos, quizás en la RA pueda suceder lo mismo en los próximos años.

La industria del entretenimiento y de los videojuegos 3D ha facilitado que conozcamos a nivel informal este tipo de desarrollos, y comencemos a relacionarnos con ellos, haciéndolos cada vez más llamativos en un mercado que parece no tener freno. Ya podemos observar cómo influyen en la absorción de la atención y su inmersión en la persona que los juega, o en que pueden llegar a ser considerados como herramienta contra el sedentarismo o inmovilismo, ya que motiva a salir de casa o zona de confort. Mientras tanto, muchos periféricos característicos del ámbito virtual y computación persuasiva empiezan a tener un precio asequible para el gran público, y de hecho la tendencia a introducirlos en el contexto terapéutico está ganando adeptos de forma exponencial. Quién sabe si en el futuro se podrán hacer ejercicios de exposición a través de nuestros teléfonos móviles con el terapeuta presente de forma on-line, salvando dificultades geográficas y horarias; o si se podrá monitorizar a la persona de forma remota mientras está experimentando una dificultad en su contexto natural, proporcionándole ayuda en su gestión a tiempo real. Todo esto está por ver.

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