En la historia de la psicología han existido grandes figuras interesadas en la salud psicológica y el desarrollo normal y óptimo de las personas. Autores como Abraham Maslow, Alfred Adler y Victor Frankl han hecho grandes aportaciones teóricas al estudio de la psicología positiva; disciplina que, al contrario de lo que comúnmente se cree, no equivale a pensar positivamente. Lo que caracteriza a la psicología positiva es que estudia de manera científica lo mejor de la experiencia humana, utilizando herramientas de investigación como la experimentación y la observación. De esta forma aporta evidencia científica sobre los factores que contribuyen al bienestar. Podríamos decir, por lo tanto, que la psicología positiva se encarga de estudiar científicamente la felicidad para tratar de encontrar algunas respuestas a preguntas que la humanidad se ha hecho durante siglos.

Numerosos autores como Parks, y Steen (2004) y Peterson (2006) han remarcado que la psicología positiva aspira a que la psicología sea una disciplina más equilibrada, en la que se estudien tanto los problemas, déficits y patologías que puede presentar el ser humano como las fortalezas, los talentos y la resiliencia (capacidad para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas) de las personas. Porque durante los últimos sesenta años la psicología se ha centrado mucho más en entender el sufrimiento y la psicopatología que en comprender y promover el bienestar (Seligman, 2002).

Una de las premisas de la psicología positiva es que la ausencia de lo malo no es lo mismo que la presencia de lo bueno. La positividad se refiere a experimentar emociones positivas con frecuencia y en mayor proporción que las negativas, así como a tener un marco cognitivo optimista. Existe evidencia sobre como mejora nuestro estado de ánimo cuando estamos acompañados (Csikszentmihaly, 1997), puesto que las buenas relaciones interpersonales son fundamentales para la felicidad. Al investigar a la gente que vive de forma feliz, los resultados indican que algo común a todos es que presentan buenas relaciones con los demás (Peterson, 2006). George Vaillant (2009), tras llevar a cabo el estudio longitudinal más largo de la historia sobre el desarrollo adulto, buscando aquello que contribuye a la plenitud en la vida, concluyó que la felicidad es amor. Así mismo, estar implicados o involucrados en nuestras actividades, poniendo toda nuestra atención en ellas y utilizando nuestras habilidades; sentir que nuestra vida tiene un propósito; ponernos metas y alcanzarlas contribuye a que nos sintamos competentes y capaces.

Las emociones positivas también se correlacionan con la longevidad (Harker & Keltner, 2001). Diener & Chan (2011) defienden que la evidencia de la relación entre la positividad y ciertos aspectos de la salud física, como el buen funcionamiento del sistema cardiovascular y el inmune, crece día a día.

Abraham Harold Maslow (1908-1970) fue un psicólogo estadounidense conocido como uno de los fundadores y principales exponentes de la psicología humanista. Esta corriente psicológica postula la existencia de una tendencia humana básica hacia la salud mental, manifestada como procesos continuos de búsqueda de autoactualización y autorrealización.

Maslow, tanto en su artículo A Theory of Human Motivation (1943) como en su libro Motivation and Personality (1954), presentó su jerarquía de necesidades; conocida como la Pirámide de Maslow. Se trata de una teoría psicológica sobre la motivación humana, holística y dinámica, que sintetiza el pensamiento de varios autores (entre ellos de los fundadores del psicoanálisis).

pirámide maslow
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En la pirámide pueden diferenciarse cinco niveles diferentes: en los cuatro inferiores se agrupan las necesidades del déficit, mientras que el nivel superior está coronado por las necesidades del ser. Mientras las necesidades de déficit pueden ser satisfechas, las necesidades del ser son una fuerza impelente continua.

La idea básica de esta jerarquía es que las necesidades más altas ocupan nuestra atención sólo una vez se han satisfecho necesidades inferiores en la pirámide, de modo que las fuerzas de crecimiento dan lugar a un movimiento hacia arriba en la jerarquía. La emergencia de las necesidades superiores ocurriría a partir de ciertos porcentajes de satisfacción de la inmediata inferior. Este concepto nos permitiría, en caso de encontrarnos en una situación de desmotivación vital, preguntarnos qué tipo de necesidades estamos desatendiendo (en ocasiones en detrimento de otras) o plantearnos satisfacer nuevas necesidades que nos ayuden a desarrollar nuestro potencial humano.

1. Necesidades de déficit: si no las satisfacemos implican un desgaste, una pérdida.

  • Necesidades básicas: innatas en el ser humano: beber, respirar, alimentarse, dormir, eliminar desechos corporales, evitar el dolor, tener relaciones sexuales y mantener la temperatura corporal. Estas necesidades, llamadas impulsos fisiológicos, se consideran el punto de partida para esta teoría de la motivación; ya que son las más potentes y poderosas de todas. Si todas las necesidades están insatisfechas y el organismo está dominado por las necesidades fisiológicas, todas las demás necesidades se vuelven inexistentes (la validez de esta idea ha sido discutida por diversos autores). En esta teoría la satisfacción se vuelve tan importante como la privación, pues libera al organismo del dominio de una necesidad relativamente más fisiológica, permitiendo, por tanto, la emergencia de otros propósitos más sociales.
  • Necesidades de seguridad y protección: seguridad física y de salud, recursos para vivir con dignidad, protección de bienes y activos, necesidad de vivienda, orden, ley y límites. Este grupo de necesidades, que permiten vivir con estabilidad y estructura, emerge cuando el nivel anterior está relativamente bien satisfecho. La buena sociedad, apunta Maslow, hace que sus miembros se sientan suficientemente seguros. Por lo general, las necesidades de seguridad se manifiestan como una preferencia a lo conocido y a tener unos valores que organicen la realidad de forma coherente.
  • Necesidades de afiliación: relacionadas con el desarrollo afectivo del individuo, son las necesidades de relación (amistad y amor) participación (inclusión) y aceptación social. Cuando están insatisfechas, se anhelan relaciones con las personas en general y la consecución de un lugar en el grupo o en la familia. Los seres humanos, como animales, presentamos una profunda tendencia a pertenecer a la manada, al rebaño; por lo que para nosotros encontrar un territorio propio y un clan de pertenencia tiene verdadera importancia. La frustración de estas necesidades, que involucran dar y recibir amor, es el núcleo más común del inadecuado ajuste social.
  • Necesidades de estima: la mayoría de las personas en nuestra sociedad (con algunas excepciones patológicas) sienten la necesidad o el deseo de obtener una evaluación estable de sí mismas, firmemente sustentada y generalmente elevada, de respeto por sí mismos (autoestima), y de la estima de otros. En este grupo de necesidades encontramos dos subconjuntos: por un lado, el respeto a uno mismo, incluyendo la competencia, confianza, logros, independencia y libertad; por otro, el reconocimiento, atención, prestigio y respeto por parte de los demás. La satisfacción de estas necesidades conduce a sensaciones de autoconfianza, valía, fuerza, capacidad y adecuación, de ser útil y necesario en el mundo; mientras que su frustración produce sentimientos de inferioridad, debilidad e impotencia.

2- Necesidades de autorrealización o necesidades del ser: aportan algo positivo, una ganancia. Son las más elevadas, dan sentido a la propia existencia por medio de la motivación al crecimiento personal. Maslow expone que los seres humanos debemos ser fieles a nuestra propia naturaleza de autoactualización; haciendo realidad lo que potencialmente somos, es decir, volviéndonos todo aquello que somos capaces de ser.

Maslow sostiene que hay ciertos prerrequisitos inmediatos para la satisfacción de las necesidades. Como ejemplos de estas necesidades, enumera la justicia, la equidad y la libertad de expresión. Una amenaza a estos prerrequisitos provoca una reacción parecida a la que se daría en caso de amenaza directa a las necesidades básicas.

Para este autor, las personas sanas son las que están básicamente motivadas por sus necesidades de desarrollar y realizar sus potencialidades y capacidades plenas, por lo que una sociedad buena o sana sería entonces la que permite que emerjan los propósitos más elevados de las personas, al satisfacer todas sus necesidades básicas.

Cabe añadir que, al margen de las discrepancias y críticas que esta teoría ha recibido, y aunque la visión de la sociedad ideal propuesta por Maslow supone una utopía más que deseable, es responsabilidad de cada individuo, una vez satisfechas las más básicas durante la infancia, llevar a cabo llevar a cabo la satisfacción de sus necesidades de la manera más coherente con sus posibilidades y deseos de autorrealización.

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