¿Como afecta la percepción de extrasístoles a mi ansiedad?

“El corazón ha dejado de latir”, “mi corazón se paró por un momento”, “he sentido como un vuelco o un brinco” estas son las descripciones que dan algunas personas de cómo perciben a veces su ritmo cardiaco. Estamos hablando de experimentar extrasístoles, algo que nos puede resultar desde muy molesto a preocuparnos obsesivamente. ¿Qué son las extrasístoles?, ¿son peligrosas?, hoy te lo contamos.

Algunos datos de cómo funciona nuestro corazón

El corazón es el principal órgano del sistema cardiovascular, es el encargado de mover la sangre por todo el organismo, podríamos decir que es el motor; y aunque se encuentra conectado y se ve influido por el sistema nervioso, en realidad actúa en gran medida de forma autónoma.

Su funcionamiento en reposo o frecuencia cardíaca normal, es decir, cuando estamos tranquilamente, leyendo o realizando actividades habituales que no requieran gran esfuerzo físico, es de entre 60 y 80 latidos por minuto por lo general. Cuando se superan las 100 pulsaciones por minuto, cualquier alteración del ritmo cardíaco recibe el nombre genérico de arritmia. Las arritmias, básicamente, pueden dividirse en dos grandes grupos:

  • Taquicardias. Que son las de frecuencia cardíaca elevada por encima de 120 latidos por minuto.
  • Bradicardias. Las de frecuencia cardíaca lenta por debajo de 50 latidos por minuto.

A partir de los 100 latidos por minuto se estima que la frecuencia es alta. No obstante, conviene matizar que nuestro corazón posee una capacidad adaptativa, como el resto de los órganos de nuestro cuerpo, y gracias a esta condición que se nos brinda de forma natural puede adaptarse a las necesidades del día a día: acelerarse cuando hacemos ejercicio físico o pasamos por momentos de estrés emocional y a su vez enlentecerse en momentos en los que nos encontremos en reposo o de sueño. Éstos cambios en el ritmo cardíaco son normales y funcionales.

Pero, a veces, el corazón comete “pequeñas transgresiones”, son lo que algunos autores han calificado como “travesuras del corazón sano”. Percibirse en el pecho o en el cuello pequeños “brincos”, a veces como sensación de “vacío” o de “paro cardíaco” puede que nos alarme si juzgamos o interpretamos sin conocimientos médicos qué puede significar. Estas sensaciones se tratan de extrasístoles auriculares o ventriculares y que, aunque los podamos percibir como algo muy incómodo y preocupante, si asientan sobre un corazón sano carecen de relevancia clínica. En estos casos conviene distinguir lo que es grave de lo banal.

¿En qué consisten las extrasístoles?

La primera descripción de interrupciones en el pulso que pudieron ser consistentes con extrasístoles ventriculares fue descrito en la antigua China en el año 600 aC por Pien Ts,Io; quien notó que estas irregularidades no interferían con la vida normal de las personas, pero podían producir alteraciones cuando eran más frecuentes.

Las extrasístoles son contracciones cardiacas prematuras, es decir, latidos que se adelantan; un impulso eléctrico independiente del ritmo normal del corazón. Así que ese “paro” del corazón que podemos sentir se corresponde a la pausa habitual que se produce inmediatamente después de la extrasístole como forma natural que tiene nuestro corazón de compensar el adelantamiento del latido.

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Prácticamente todas las personas presentamos extrasístoles en algún momento de nuestra vida, incluso en mayor o menor medida a lo largo del día, pero la mayoría de ellas son asintomáticas y pasan absolutamente desapercibidas. Sólo los niños suelen presentar un registro del ritmo cardiaco sin ninguna extrasístole en todo el día. Además, cuando son identificadas en la consulta médica, en su mayoría son benignas y no producen complicaciones. Únicamente en personas con enfermedad cardiaca de base éste fenómeno debe ser examinado más exhaustivamente por las complicaciones que pueda conllevar y, en los casos que valore el médico como pertinentes, se prescribirá el tratamiento adecuado.

Se definen las extrasístoles ventriculares frecuentes cuando son más de 7 en un minuto. Al respecto, en el campo de la investigación se llevó un estudio en el que participaron 101 personas sin enfermedad cardiaca y se encontró que 39 de estos presentaban una extrasístole en un periodo de 24 horas y cuatro presentaban más de 100 extrasístoles en 24 horas.

¿Qué personas son más proclives a padecerlas?

Pese a que pueden presentarse en cualquier etapa de la vida, hay que tener en cuenta que la incidencia y frecuencia de extrasístoles ventriculares aumenta con la edad. No se ha demostrado que aumente la mortalidad por este motivo en los ancianos.

Se ha demostrado que las extrasístoles ventriculares son más frecuentes en los pacientes con hipertensión arterial y se ha asociado el aumento de la presión arterial sistólica con el aumento de las extrasístoles ventriculares.

Algunas investigaciones han demostrado que ciertos hábitos de consumo de café, especialmente en personas sin antecedentes de enfermedad cardíaca que ingieren nueve o más tazas de café o té, son más proclives a presentar al menos una extrasístole ventricular al día. Esto se debe a que la cafeína es un estimulante central que puede incrementar la actividad simpática de nuestro sistema nervioso autónomo. Debido a esto es lógico pensar que el consumo de la cafeína puede aumentar la frecuencia de las extrasístoles ventriculares.

Otras causas que aumentan la actividad de nuestro sistema simpático como el consumo de otras sustancias estimulantes o la exposición prolongada a factores que nos generen estrés emocional o tensión física, así como trastornos metabólicos como el hipertiroidismo son factores que pueden favorecer la aparición de extrasístoles.

El ejercicio físico en personas con otro tipo de anomalías cardiacas se puede producir una inadecuada activación vagal y generar extrasístoles ventriculares, algo que quizás conlleve complicaciones; salvo en esos casos, las extrasístoles que no son provocadas por el ejercicio o que no aumentan en frecuencia mientras se realiza éste, se han considerado como benignas.

Si son frecuentes, ¿Qué pruebas son las que suelen identificarlas?

  • Primeramente, se debe evaluar la posible presencia de otras enfermedades cardíacas estructurales, algo que suele hacerse mediante una ecocardiografía o prueba de esfuerzo; un test de tolerancia al ejercicio el cual permite diagnosticar las anomalías que suelen provocar las extrasístoles.
  • A través de un electrocardiograma pueden identificarse con facilidad ciertos tipos de arritmias, aunque, el diagnóstico de las extrasístoles con frecuencia no se aprecia en un registro que sólo dura unos segundos. Puede aumentarse la probabilidad de detectarlas haciendo un registro del electrocardiograma más largo.
  • Sin duda la alternativa más eficaz para su detección es la monitorización Holter de 24-48 horas, que permite cuantificar y determinar la posible presencia de una extrasístole ventricular predominante, su frecuencia y su distribución a lo largo del día de la persona.
  • Por último, y únicamente para casos en las que se haya demostrado con las pruebas anteriores que existe una afección cardíaca de base conjunta a las extrasístoles, la resonancia magnética cardíaca con gadolinio resulta de especial utilidad para determinar la presencia de alguna cicatriz que podría requerir una evaluación más detallada.

En las personas que no se encuentre alteración alguna en la estructura del corazón y no se hayan apreciado anomalías eléctricas en el electrocardiograma o en el Holter, no es necesario continuar con más estudios. La importancia de las extrasístoles ventriculares depende de la presencia o ausencia de enfermedad cardiaca subyacente, si tras reconocimientos o pruebas médicas se determina que la persona goza de un corazón sano, puede hacer una vida normal pese a experimentar los síntomas, ya que se consideran benignas y, por lo general, no tienen impacto sobre la longevidad o en la limitación de la actividad física.

 

 

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