Ya llega la Navidad. Una fecha señalada. La que es, según la mayoría, una de las mejores épocas del año por excelencia. Un momento de reunión y celebración lleno de reencuentros con nuestros familiares y amigos, con los que compartir momentos y “contagiarnos” del llamado “espíritu navideño” -inundado por sentimientos de ilusión, felicidad, buenos propósitos y acciones..-.

Pero, seamos realistas, no todo es tan perfecto e ideal como pudiera parecer. La Navidad también es sinónimo de aglomeraciones de gente y tráfico en los centros de las ciudades para ver las luces y espectáculos navideños (mercadillos, desfiles, cabalgatas.. que en ocasiones hacen imposible poder pasear tranquilos), colas interminables en tiendas y centros comerciales, innumerables compromisos sociales (intentos imposibles de cuadrar la agenda para incluir -fuera del horario laboral, por supuesto- comidas o cenas de empresa, una cena de de Navidad por cada uno de los diferentes grupos de amigos, reencuentros con amigos o familiares que vuelven a casa por estas fechas, además de los “amigos invisibles”), los mil y un preparativos previos de la decoración y cenas navideñas.. son situaciones demasiado conocidas en estas dos semanas, con las que todos nos sentimos identificados, ¿verdad?

¿Te has sentido agobiado por un momento al leer esto? Tranquilo, no eres el único. La Navidad (y los días previos a la misma) suponen una importante fuente de estrés para el 65% de la población adulta española, según el último “Estudio sobre estrés y ansiedad en Navidad” realizado por Nascia; en concreto, para 6 de cada 10 adultos, sobre todo mujeres. Los aspectos que más nos estresan en esta época del año son los excesivos gastos económicos, seguidos de las compras navideñas (estresantes para un 65% de las personas mayores de 25 años) y los compromisos sociales.

¿Por qué nos estresamos tanto en la época navideña?

El estrés se define por un desequilibrio percibido por el individuo entre las demandas externas del ambiente y los propios recursos internos que dispone. Un desequilibrio que suele presentarse habitualmente en forma de excesivas demandas –tanto internas como externas– y escasos o insuficientes recursos de afrontamiento de los que dispone o cree disponer el individuo para hacer frente a esas demandas (Lazarus y Folkman, 1986).

En este sentido, la época navideña genera más estrés y ansiedad que cualquier otra época del año porque se asocia a diferentes factores, que constituyen importantes estresores externos e internos (que se traducen, en definitiva, en excesivas demandas externas y sensación interna de falta de tiempo o de control):

  • Los excesos: la sobrecarga de tareas, el exceso de gasto económico y las comidas/cenas navideñas copiosas e interminables, que suponen un esfuerzo extra en nuestra rutina diaria.
  • Las obligaciones: la presión por hacer regalos (y no cualquier regalo, sino encontrar el regalo acertado para cada persona).
  • La falta de tiempo: la urgencia, las prisas y las compras de última hora.
  • Los innumerables compromisos sociales y las altas expectativas frustradas: generalmente por la presencia de conflictos o disputas familiares (o con personas con las que no existe mucha afinidad) que rompen la “perfección” y los ideales que se presuponen en estas fechas.

Los principales síntomas son sensaciones de presión, agobio, ansiedad e irritabilidad; la presencia de pensamientos negativos (“No doy abasto”, “No me da tiempo”, “No puedo con todo”) y sensación de falta de control, así como un afrontamiento excesivo de la situación (intentar querer abarcarlo todo), lo cual puede conllevar, asimismo, el aumento de la probabilidad de aparición de problemas físicos como insomnio, problemas musculares, dolores estomacales y dolores de cabeza, entre otros.

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Algunas estrategias navideñas para mantener el estrés a raya

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para evitar dejarnos llevar por el estrés navideño (un año más)?:

Ajusta expectativas

Las Navidades “perfectas” no existen, por mucho que la presión social nos dicte en estas fechas la “exigencia” de ser feliz, a toda costa. Todo lo contrario, es normal que en algún momento surja algún conflicto o problema (sobre todo al pasar mucho más tiempo con nuestros familiares y disponer de más tiempo libre, sobre todo si tenemos hijos), que algo salga mal o no salga como estaba previsto, o que nos sintamos tristes o solos por la nostalgia del pasado o el recuerdo de seres queridos que ya no están.

¿Qué podemos hacer al respecto? Identifica y mantén alejados los pensamientos negativos del tipo: “Tenemos que estar bien en todo momento”, “Debe salir todo perfecto, tengo que ser el/la mejor anfitrión/a y no pasar por alto ningún detalle”, “Debería acertar en todos los regalos”, porque es imposible, y sólo conseguirás frustrarte (e incluso irritarte). No te autoexijas demasiado, no te dejes llevar por querer impresionar a todos y el miedo a las críticas; no podemos controlarlo todo, por mucho que quisiéramos. Por su parte, para evitar, en la medida de lo posible, las disputas familiares, se recomienda intentar no sacar temas de conversación comprometidos o polémicos (política, religión..).

No te sobrecargues de tareas.

Si en algún momento te sientes sobrepasado/a por la situación o sientes que no das abasto con todo, mostrando elevada ansiedad y cansancio generalizado, descansa. Dedica un tiempo para ti, practica técnicas de relajación que conseguirán disminuir tu nivel de activación general y mantener el estrés a raya.

Prioriza, delega y comparte responsabilidades.

El objetivo es disfrutar y descansar. Relacionado con la idea anterior, intenta priorizar, pedir ayuda o repartir las tareas navideñas (decoración de la casa, el árbol y belén navideño, preparación y organización de las cenas navideñas) entre todos los miembros de la familia, de forma que no se conviertan en una “obligación” extra sólo para una persona.

Planifica y organiza con antelación.

No lo dejes para el último momento las compras y cenas navideñas (intenta que sean graduales). Evita, en la medida de lo posible, las “horas punta”, fíjate una lista y una fecha límite de compra de regalos, así como un presupuesto de gasto realista; así prevendrás en la medida de lo posible sobresaltos o imprevistos de última hora, que generan mucho estrés (como el hecho de las aglomeraciones o masificaciones en establecimientos, el aumento exagerado de precios o encontrar agotado en todas las tiendas ese regalo que tanto buscas).

Sé asertivo con los demás, establece límites.

Recuerda que tienes derecho a decir “no” ante compromisos que no te apetezcan o a los que no quieras asistir por no sentirte cómodo (no pasa nada si no acudes a todos los eventos sociales, no son obligaciones impuestas); así evitarás muchos posibles conflictos y/o discusiones en tus relaciones sociales.

Evita los excesos.

Sí, es cierto que es uno de los propósitos “estrella” de estas fechas y siempre acabamos por no resistir la tentación, pero es muy importante que intentes buscar el equilibrio y moderación en las cantidades de comida y bebida, para evitar molestos problemas estomacales y otros problemas de salud. No te dejes llevar por la impulsividad, es muy fácil caer en las excusas y autojustificaciones (“Siempre me pasa lo mismo. Si ya total, por una vez al año.. qué más da”). Asimismo, mantén hábitos saludables regulares de sueño y ejercicio físico.

En definitiva, para evitar el estrés navideño planifica con antelación las tareas, prioriza, delega y comparte las responsabilidades, di “no” a aquellos compromisos sociales que no te apetezcan.. descansa y disfruta de esta época del año.

¡Feliz Navidad y Próspero Año 2018, de parte de todo el equipo de Amadag! 🙂

 

 

 

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