“El sol brilla en todas partes, pero algunos no ven más que sus sombras” – Arthur Helps

Las personas recibimos información continuamente que viaja desde nuestros sentidos a nuestro cerebro y allí interpretamos esa información. Imaginaros por un momento que todo el mundo llevásemos unas gafas, si esas gafas tienen el cristal limpio seremos capaces de interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor de manera realista, tal y como es. Pero si los cristales de las gafas están sucios tenderemos a interpretar la realidad de una forma distorsionada, es decir, de forma que no concuerde con la realidad.

Existe una manera de pensar cuando tenemos los cristales de las gafas sucios que se llama pensamiento catastrofista, en otras palabras, pensamos, imaginamos y creemos en los peores desenlaces de nuestros problemas, situaciones, experiencias y dudas, fantaseando muchas veces con escenarios trágicos de sucesos que rara vez se puede llegar a dar. “Seguro que me sale mal la entrevista”, “El avión se va a caer y voy a morir”, “Si cojo el coche lo más seguro es que provoque un accidente”, “Si entro en el supermercado me voy a desmayar y dar un golpe en la cabeza”, lo más utilizado son los “¿Y si….?” os suena ¿verdad?; “¿Y si hago la exposición y todos se burlan de mí?”, ¿Y si cojo el autobús y este se estrella?”

Las personas con pensamientos catastrofistas exageran las cosas en sentido negativo y que se siente continuamente ansiosa y con miedo frente a las posibles contingencias que podrían suceder. Como ya podréis presuponer, este tipo de pensamiento guarda una estrecha relación con la ansiedad puesto que la potencia de forma superlativa.

El pensamiento catastrofista va de la mano con la ansiedad, está presente en una gran parte de los casos. Por ejemplo: Una persona con trastorno de pánico suele pensar que sus latidos cardíacos fuertes conducirán a un infarto o que sus dolores de cabeza son el inicio de un accidente cerebrovascular.

Con el catastrofismo damos por hecho y además nos lo creemos a ciencia cierta que lo peor que estamos pensando es lo que va a suceder, y que cuando ocurra no seremos capaces de afrontarlo. Al centrarnos en esa única interpretación, perdemos de vista otras posibles alternativas que puedan darse e ignoramos todas aquellas evidencias del pasado que demuestran que hemos sabido afrontar situaciones similares antes, o que simplemente por probabilidad es muy raro que se den (ejemplo de que se estrelle un avión)

Quedamos atrapados en nuestra interpretación catastrófica de un (posible) suceso futuro, por lo que nuestro cuerpo reacciona poniéndose en alerta y la respuesta emocional se hace más intensa (aumento de la ansiedad).

Quien se acostumbra a esta forma de interpretar las cosas al final convierte en automática esta forma de pensar. Es decir, que ante las situaciones y vivencias que le ocurran le saltará como un resorte esta forma catastrófica de evaluarlos, y su estado de ánimo se verá afectado y por consiguiente su forma de actuar ante ello (por ejemplo, la evitación).

¿Cómo le plantamos cara al catastrofismo?

  • Primero de todo detectar el pensamiento catastrofista y analizarlo, podemos hacernos preguntas del tipo ¿Qué probabilidades hay de que suceda realmente lo que estoy pensando? ¿Cómo me siento si lo pienso? ¿Me ayuda este pensamiento a enfrentarme a la situación? Darte cuenta de los daños que te provoca este tipo de pensamiento es importante porque esto te motivará a cambiar.
  • Una vez que estés dispuesto a cambiar, deja que tu discurso interno fluya. Escucha con atención las cosas que dices, a menudo estas pasan por nuestra mente pero no nos detenemos en cada una sino que nos sentimos abrumados por el peso del discurso negativo. Por eso, es importante que concientices lo que te dices en tu mente. Toma cada una de esas ideas y pregúntate cuáles son las probabilidades de que sucedan. Probablemente serán del 0,001%. Ríete de ello, ríete de lo absurdo que es pensar que sucederán. Toma con sentido del humor estas preocupaciones.
  • Aumentar la flexibilidad de tus pensamientos.
  • Permitirte identificar un amplio abanico de posibles alternativas en esas situaciones que te generen emociones muy intensas
  • Aprender a relacionarte con lo que piensas y con lo que sientes de una forma más amable y realista.
  • Evaluar tu habilidad de responder a los acontecimientos basándote en tus capacidades y en las evidencias que tienes de que cómo lo has hecho ya en el pasado.
  • Acostumbrarte a quedarte en el presente en vez de vivir en el futuro (porque una cosa es prestar atención al futuro y otra muy distinta vivir como si ya estuvieras ahí).
  • Enfréntate a tus miedos, no es nada nuevo, la forma más eficaz para superar los miedos es enfrentándose a ellos, porque a lo que te resistes persiste (como decía Jung). Si tienes miedo a volar, coge un vuelo no hace falta que sea de larga distancia, en ti esta coger el miedo y manejarlo.

Si te propones practicar cada día, en cada nueva situación difícil, el relativizar y racionalizar tu manera de interpretar las cosas, en ver el mundo tal y como es y no como tu cabeza te dice que es, te sentirás mucho mejor para actuar de una manera más productiva y mejor para ti. Recuerda que pensamiento, emoción y conducta son tres engranajes que se influyen mutuamente. Es tu obligación y tu deber cuidar tu mente y liberarla de fantasmas que solamente te perjudican, que no te ayudan a solucionar nada porque si no empiezas a cambiarte a ti mismo, nadie cambiará por ti.

 

 

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