“Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, si no el triunfo sobre él. Valiente no es quien no siente miedo sino aquel que conquista ese miedo” – Nelson Mandela

La agorafobia suele plasmarse en un temor o sentimiento de fuerte angustia producido por situaciones en las que la persona que la sufre se siente desprotegida y vulnerable a crisis de ansiedad que escapan a su control. El temor angustioso que experimenta alguien con este trastorno de ansiedad se fundamenta, básicamente, en la anticipación de los ataques de pánico. Por lo tanto, allí donde hay agorafobia también hay un bucle basado en el miedo. Un círculo vicioso de pensamientos recurrentes del que es difícil escapar.

De algún modo, la agorafobia se alimenta a sí misma a través de la anticipación tanto de las sensaciones desagradables asociadas a estas crisis como el temor de perder el control sobre los propios actos. Por tanto, el modo en el que se expresa este sentimiento de angustia también reproduce la estructura de un bucle: se teme no el espacio abierto, sino la posibilidad de sufrir un ataque de pánico o una crisis de ansiedad por el hecho de estar ahí, y a la vez la consecuencia de estar en ese lugar cuando eso ocurra.

En definitiva, la agorafobia consiste en el miedo a la pérdida de control sobre la propia activación fisiológica, miedo al miedo y en los resultados a los que esto puede conducir. Esto es lo que explica que los ataques de ansiedad puedan producirse no sólo en grandes espacios, sino también en un ascensor o cualquier lugar que no sea la propia casa. La agorafobia suele expresarse en cualquier sitio que se perciba como especialmente inseguro, es decir, en el que tenemos menos control sobre las cosas.

La prevalencia de la agorafobia (con o sin historia de trastorno de pánico) por lo general es de unos valores aproximados de 2%, 2,5% y 5% en población adulta, al menos en las culturas occidentales y varían en función del sexo. Las dos terceras partes o más de los sujetos agorafóbicos son mujeres; la media se sitúa alrededor del 80%. En investigaciones epidemiológicas, el porcentaje de mujeres se sitúa entre el 66-72% (2-2,7 mujeres por cada hombre) para la agorafobia, el trastorno de pánico con agorafobia y el trastorno de pánico sin agorafobia.

¿POR QUÉ HAY MAYOR PREVALENCIA DE MUJERES QUE PADECEN AGORAFOBIA?

Se han propuesto varias hipótesis, no necesariamente excluyentes entre sí, del predominio de mujeres entre los agorafóbicos:

  • Mayor disposición a admitir miedos: Esto es así, porque las mujeres tienen mayor disposición a admitir sus miedos y síntomas relacionados con la agorafobia que los hombres.
  • Mayor nivel de rasgo de ansiedad: Las mujeres se caracterizan por un mayor nivel de rasgos de ansiedad, es decir, la tendencia a reaccionar de forma ansiosa ante diferentes situaciones lo que conlleva mayor vulnerabilidad a padecer este trastorno.
  • Estereotipo de los roles sexuales: Las conductas de miedo y evitación son admitidas y reforzadas en mayor número por las mujeres, este rol facilita el desarrollo de la agorafobia. En cambio, dichas conductas no son congruentes con el rol masculino y se espera que los hombres ante estos síntomas sigan exponiéndose a las situaciones fóbicas. Las mujeres tienen a evitar más las situaciones agorafobias porque no se considera apropiado (en cuestión de estereotipos) mostrar emoción en las mismas.
  • Factores hormonales: Se dice que las mujeres pueden ser particularmente vulnerables a la adquisición o agravación de miedos durante la semana premenstrual (y también durante la menopausia) debidos a los cambios hormonales. También se ha sugerido que puesto que las mujeres tienen menos testosterona que los hombres y puesto que esta hormona está ligada a la conducta de dominancia, los hombres pueden experimentar menos miedo o pueden aproximarse agresivamente a una situación temida en vez de evitarla.
    Prolapso de la válvula mitral: Las personas que sufren este problema cardiológico se quejan de que sus síntomas somáticos son muy similares a los del trastorno de pánico. Ya que el prolapso de la válvula mitral es más frecuente en mujeres se ha sugerido que puede estar asociado con la agorafobia. Sin embargo, estudios recientes no han encontrado una asociación significativa entre dicho problema y el trastorno de pánico o agorafobia.
  • Predisposición biológica: Desde un punto de vista puramente biológico tiene sentido que las mujeres tengan más miedos que los hombres, ya que están “menos capacitadas” físicamente para defenderse en la naturaleza y necesitan una protección adicional durante la crianza de los hijos. De este modo, la mayor gama de miedos en las mujeres podría servir para asegurar la supervivencia de la humanidad.

Se ha sugerido que la diferencia entre sexos en la frecuencia de la agorafobia puede ser más aparente que real, ya que la agorafobia en los varones puede ser enmascarada frecuentemente por el abuso de alcohol, el cual se toma con el propósito de aliviar la ansiedad y soportar las situaciones temidas; estos sujetos serían diagnosticados de alcohólicos en vez de agorafóbicos. Además, uno puede preguntarse si la agorafobia puede quedar también enmascarada en mujeres que abusan de fármacos tranquilizantes o ingieren excesivas cantidades de comida. Las mujeres y hombres agorafóbicos no difieren en variables de personalidad ni en la frecuencia de los ataques de pánico. Sin embargo, las diferencias, cuando aparecen, son pequeñas en general y de poca significación clínica.

Además, todas estas explicaciones son hipótesis que buscan dar una respuesta a esta aparente diferencia entre sexos en cuanto a la agorafobia. Pero cabe destacar que los trastornos psicológicos son muy complejos y muchos factores difíciles de medir y estudiar entran en juego y, aunque los trastornos de ansiedad son de los más estudiados, aún queda un largo camino para encontrar todas las respuestas.

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