En psicología, a diferencia de lo que ocurre en otras disciplinas, no existe una teoría única, sino que hay distintas corrientes psicológicas que parten de posturas en ocasiones contrarias. La psicología cognitiva es la vertiente de la psicología que, especialmente desde los años 60, se dedica al estudio de los procesos mentales básicos tales como la memoria, la concentración, la formación de conceptos, el procesamiento de la información, etc.

En los últimos años el auge, desarrollo y expansión de los modelos cognitivos le ha dado a esta orientación un lugar central dentro de las psicoterapias.  La psicoterapia cognitiva diseñó tratamientos específicos a partir de algunos desarrollos de la psicología cognitiva, que permiten ser aplicados a personas con distintas problemáticas para mejorar en calidad de vida, solucionar problemas humanos y tratar trastornos mentales.

Esta corriente se basa, entre otras cosas, en las enseñanzas de Epicteto, filósofo griego estoico, quien defendía que “las personas no se afectan por los acontecimientos, sino por la opinión que se hacen de éstos“. Los filósofos estoicos se interesaban en manejar los estados emocionales extremos, que llamaban “pasiones”, con el fin de llevar una vida más adecuada. Mucho tiempo después autores como Adler, Beck y Ellis desarrollarían algunas de las grandes teorías de la psicoterapia cognitiva.

Este modelo de terapia también tiene en cuenta el ambiente, la cognición, el afecto, la conducta y la biología, pero considera que los componentes cognitivos (pensamientos, imágenes, creencias…) son esenciales para entender los trastornos psicológicos, y dedica la mayor parte de su esfuerzo en producir cambios en este nivel.

Todos esos componentes se desarrollan en torno a significados subjetivos que organizan la experiencia de las personas. Es decir, que aunque todos los componentes de los trastornos son importantes, lo más relevante es la cuestión del significado, el sentido que tienen los acontecimientos de la vida para una persona: los recuerdos, lo que espera del futuro y cómo se considera a sí misma.

En este sentido, existen tres afirmaciones importantes al respecto de esta visión de la experiencia humana:

 

1. Los seres humanos nos explicamos la realidad en base a esquemas

Los esquemas son patrones cognitivos relativamente estables que constituyen la base de la regularidad de las interpretaciones de la realidad. Las personas utilizamos esquemas para localizar, diferenciar, seleccionar y organizar los datos de nuestra experiencia. Es decir, para atribuirles significado.

Necesitamos que los estímulos que recibimos sean comprensibles para nosotros y, en base a eso, elegir las estrategias de afrontamiento que llevaremos a cabo. Los esquemas son adaptativos y van tomando su forma mediante las relaciones que establecemos con el medio.

 

2. Los esquemas dan lugar a determinadas creencias

Las creencias son el resultado directo de la relación entre la realidad y nuestros esquemas. Son como mapas internos que utilizamos para guiarnos en el día a día.

Existen diferentes tipos de creencias, clásicamente se habla de:

  • Creencias centrales o nucleares: son aquellas que constituyen nuestro self. Son más estables y difíciles de cambiar, dan sentido de identidad y son idiosincrásicas. Por ejemplo: “yo soy mujer”.
  • Creencias periféricas: se relacionan con aspectos más secundarios, son más fáciles de cambiar y tienen una menor relevancia que las creencias nucleares. Por ejemplo: “la vida siempre te da una segunda oportunidad”.

3. La dinámica entre las creencias y los esquemas son la base de sustento de los síntomas en los trastornos mentales

Los esquemas tienen un fuerte sentido adaptativo, están diseñados para la supervivencia tanto psicológica como física, pero en algunos casos son utilizados de manera automática, rígida y desadaptativa, lo que puede llegar a ocasionar malestar e incluso la aparición de trastornos mentales.

Por ejemplo, en la depresión, la persona se centra en pensamientos de escasa valía personal, desesperanza futura e incapacidad de manejar su vida y desarrolla una especial habilidad para hacer una “visión de túnel ” donde percibe con facilidad lo negativo e ignora o no aprecia otros aspectos más positivos que podrían ayudar a manejar su situación.

Por otro lado, cuando las creencias nucleares son puestas en duda se genera una sensación profunda de inestabilidad y angustia, porque todo lo conocido pasa a ser cuestionado, es como si se movieran los cimientos de un edificio, toda la estructura se mueve.

Uno de los factores que nos suele generar más estrés es la incertidumbre, por eso no saber algo central respecto de nosotros mismos puede ser tan angustiante. Habitualmente se acude a terapia porque alguna de las creencias básicas que otorgaban sustento, estabilidad y tranquilidad es puesta en duda. De hecho, cuanto más relevante y nuclear sea lo incierto más angustia generará.

 

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